Dejar tu zona de confort...
Cuando en los años noventa yo les dije a mis amigos y a mi familia que quería irme a Londres (bueno, debería decir “venirme”, porque estoy aquí, ¿no)
A ver…
Cuando yo les dije a mis amigos y a mi familia que quería venirme a Londres para mejorar mi inglés… La mayoría de ellos me dijeron que eso era una tontería: que el inglés era muy difícil, que yo ya era demasiado viejo para aprender inglés.
Y, en fin…
Y eso me lo dijo, fijaos, eso me lo dijo hasta mi tía Carmen, que era profesora de inglés. Ella, aunque ya estaba jubilada, toda su vida había trabajado dando clases de inglés. Y de hecho, ella misma vino a Londres de joven, en los años cuarenta o en los años cincuenta. Vino a Londres para estudiar inglés.
O sea, aunque mi tía Carmen sabía inglés, aunque era profesora de inglés y aunque ella misma estuvo aquí en Londres en los años cuarenta, después de la Guerra Mundial, hasta mi tía Carmen me dijo: “¡Pero, niño, qué locura! ¡Pero si tú ya eres muy mayor para aprender inglés! Yo me fui a Londres cuando tenía diecinueve años, tú ya tienes casi treinta. ¿Dónde vas? ¡Ya es demasiado tarde! Y además, el inglés es muy difícil y tú no eres muy inteligente… Mejor aprende italiano, que es mucho más fácil”.
Es que mi tía Carmen pensaba que yo no era muy inteligente y que aunque estudiaba en la universidad y aunque sacaba notas… Pues no, yo no tenía la suficiente capacidad intelectual para estudiar un idioma tan difícil como el inglés. Según ella, era mucho mejor que yo estudiara italiano, que para un español era pan comido, muy fácil.
Lo que pasaba es que mi tía Carmen durante la Guerra Civil tuvo un novio fascista, un novio italiano, y aunque el tío no hablaba español y aunque ella no tenía ni idea de italiano, los dos se entendían sin problemas. Y por eso mi tía Carmen insistía en que yo haría mucho mejor en aprender italiano; que el italiano sería mucho más fácil para mí.
Eso es lo que pensaba mi tía.
Recuerdo también a mi amigo Alonso, que era muy patriota, muy nacionalista. Recuerdo que Alonso un día me dijo: “Un hombre español no debería nunca aprender inglés. El español es un idioma superior al inglés y además mientras los ingleses no nos devuelvan Gibraltar, yo ni estudio inglés ni pongo los pies en “La Pérfida Albión”.
Porque él a Inglaterra la llamaba así: La Pérfida Albión.
Alonso era muy patriota, muy español y todavía le dolía mucho la derrota de la Armada Invencible.
Esa era la opinión de la gente que yo conocía, eso fue lo que me respondieron cuando yo les conté que quería venir a Londres para mejorar mi inglés: que yo era demasiado viejo para aprender inglés y que aunque estudiara inglés todos los días nunca lo aprendería, que ya era demasiado tarde para mí.
Y además, que estudiar inglés no valía la pena, que seguramente a mí no me iba servir para nada… Que, aunque yo lograra aprender inglés, a mí eso no me iba a cambiar la vida en absoluto. En fin, que para qué quería yo hablar inglés si yo vivía en Granada, donde lo único que se hablaba era español y no muy bien.
Pero cuando al año siguiente les dije a mis amigos y a mi familia que no solo quería estudiar inglés, sino que quería quedarme a vivir en Londres, entonces, la mayoría de ellos me dijeron que eso era una locura, que yo estaba como una verdadera cabra.
Mi tía Marcela, por ejemplo, que en paz descanse, se echó a llorar y me dijo: “ ¿Pero, niño, qué vas hacer tú allí, solo, tan lejos? ¡Estás loco! Pero si en Londres la comida es muy mala y muy cara…”
Mi tía Marcela lloraba mucho. Aunque estuviera contenta, ella lloraba. Se le saltaban las lágrimas con mucha facilidad.
Mi otra tía, mi tía Carmen, que era muy friolera, siempre tenía frío aunque fuera el mes de agosto, me dijo: “¿Irse a Londres? ¡Pero, niño, qué locura! Pero si en Londres hace mucho frío, si en Londres está siempre nublado, si hay siempre niebla y el clima es muy húmedo… ¡Te vas a resfriar, niño!
Mi tía Carmen era muy melodramática y tenía siempre miedo de ponerse enferma.
Por cierto, os habéis dado cuenta de que aunque yo tenía ya casi 30 años, a mí mis tías me seguían llamando “niño…” Aunque yo tuviera ya casi 30 años, para ellas yo seguía siendo un niño pequeño. Me trataban como… En fin, como si tuviera cinco años.
Y mi prima Pilar estuvo de Erasmus en la Universidad de Bristol y tuvo un novio inglés que al final terminó poniéndole los cuernos con casi todas las chicas de la facultad de Sociología y parte también de las de Antropología. Y nada, mi prima Pilar me dijo: “¿Pero, primo, qué vas a hacer tú en Londres, pero si los ingleses son gilipollas?”
Eso es lo que decía mi prima Pilar, que los ingleses eran todos gilipollas. Como a ella le había ido mal con aquel chico inglés, pues, nada, ella ya se la tenía jurada a todos los ingleses.
Y mi vecino, mi vecino Joaquín, cuando me veía por las escaleras siempre me decía: “¿Londres? ¿Pero, tío, qué vas a hacer tú en Londres? ¿Qué se te ha perdido a ti en Londres? ¡Pero si las mujeres españolas son las más guapas del mundo! Dónde se ponga una española que se quiten todas las demás”.
Aunque el tío lo más lejos de su casa que había ido era al bar que había en la esquina de la calle…
El tío no viajaba nunca, ¿eh? El viaje más lejos que hizo en su vida fue una vez que se quedó sin tabaco y tuvo que ir a comprar cigarrillos a un estanco que había tres calles más arriba de donde vivíamos nosotros…
Yo creo que ese fue el viaje más largo que hizo el tío en su puñetera vida.
O sea, o sea, aunque el tío no había estado nunca en el extranjero y aunque el único idioma que hablaba era el español (y no muy bien, la verdad), mi vecino Joaquín siempre que me encontraba por las escaleras me decía lo mismo: ¿Pero, tío, dónde vas a ir que estés mejor que aquí? ¡Pero si como se vive en España no se vive en ningún lado!
Bueno, yo, aunque no le decía nada, pero pensaba, “Pero tío, si tú no has salido nunca de España, ¿tú qué sabes?”
En fin, que todo el mundo me desanimaba. Nadie me animaba a venir a Londres. Ni a aprender inglés.
Al contrario, me decían que España era el mejor país del mundo, que como se estaba en España no se estaba en ningún lugar; que el tiempo en Inglaterra era horrible, que la comida era pésima, que las mujeres españolas eran las más guapas del mundo
Bueno, y también, claro, que los ingleses eran gilipollas. Y que Gibraltar era español.
Eso es lo que me decía la gente.
Y que de todas formas yo ya era demasiado viejo para aprender inglés. Según ellos, aunque viviera en Londres toda la vida, yo nunca lo aprendería.
Pero a mí la verdad es que todo lo que me decía la gente me entraba por un oído y me salía por el otro. No me importaba lo que me decían. No me importaba en absoluto. Yo había soñado siempre con venir a Londres y me dijeran lo que me dijeran, yo estaba dispuesto a venirme aquí costase lo que costase.
Aunque la comida fuera mala, aunque estuviese siempre nublado, aunque hiciera mucho frío, aunque aprender inglés fuese muy difícil… Yo estaba dispuesto a venir a Londres y al final me vine.
Cuando llegué a Londres, tuve un choque cultural muy grande. Me di cuenta de que mis amigos, mi familia, mis vecinos… Pues tenían parte de razón.
El tiempo era una mierda. Hacía siempre frío, estaba siempre nublado.
De hecho, mi tía Carmen tenía razón. Me resfrié en cuanto llegué. En cuanto puse el primer pie en Inglaterra y todavía sigo resfriado. Aunque hayan pasado más de 25 años, que se dice pronto, yo sigo resfriado.
La comida era muy mala. De eso también me di cuenta. El café horrible. Y todo estaba carísimo. Los alquileres, por ejemplo, eran carísimos. La verdura y la fruta también estaban por las nubes.
Pero lo peor fue darme cuenta de que hablar bien inglés era muy difícil... Que nadie me entendía cuando hablaba en inglés y yo no entendía a nadie…
En todo eso, la gente de España tenía razón.
Pero nada de eso me importaba y aunque tuviera muchas dificultades para adaptarme, sobre todo al principio, yo de todas formas quería seguir viviendo aquí.
Aunque hiciera siempre frío, aunque lloviera mucho, aunque no se me diera bien el inglés, Aunque muchas veces no me enterase de lo que me decían, aunque a veces me sintiera muy solo porque no conocía a nadie…
A pesar de todo, yo quería quedarme aquí. Yo soñaba con vivir en Londres. Ese era mi sueño y aunque fuera muy difícil de lograr, estaba decidido a intentarlo.
En cuanto a lo que decía mi prima Pilar… Eso de que los ingleses son muy gilipollas…
Pues yo, qué queréis que os diga, la verdad es que he conocido muchos gilipollas aquí en Inglaterra. Pero no más que en España, la verdad. Y… Aunque yo no he hecho ningún estudio serio sobre el tema, ¿eh? Pero, aunque yo no haya hecho ningún estudio estadístico muy serio, por mi experiencia tanto en España como en Inglaterra, tengo la impresión de que el porcentaje de imbéciles y de gilipollas es más o menos el mismo en España que en Inglaterra.
Bueno, en realidad, yo creo que en todos los países existe el mismo porcentaje de idiotas. Me parece que Dios, cuando hizo el mundo, repartió el número de gilipollas a partes iguales entre todos los países. Esa es mi conclusión final.
Espero que vosotros estéis de acuerdo conmigo.
Nos vemos en el próximo vídeo.