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Quantum Fracture, Por qué los Dioses Odian a Einstein

Por qué los Dioses Odian a Einstein

Los humanos somos unos pringaos… Y luego están ellos: los Dioses.

Los dioses son seres muy poderosos, capaces de manifestarse ante nosotros de maneras increíbles.

En algunas ocasiones es en forma de una plaga muy conveniente, otras es en forma de cisne

ligón y otras en forma de una épica captura de Mew justo al salir de Pueblo Paleta. Sin

embargo estos eventos son super raros. Por lo general los Dioses viven sin interactuar

con nosotros. ¿Por qué están tan desapegados? ¿Por qué no vemos estos milagros todos los

días? Algunos piensan que es porque están decepcionados, otros piensan que es para poner

a prueba la fe que tenemos en ellos y que nos recompensarán en la otra vida por ser

tan fieles. La realidad… Es que simplemente pasan de nosotros. Se aburren. Tienen un pasatiempo

mucho más divertido que estar impresionandonos. Y es que de todos los poderes con los que

nacen los Dioses, la omnividencia es siempre su favorito. Como hablamos en el vídeo anterior,

los humanos experimentamos lo que ocurre alrededor de nosotros de manera limitada: No podemos

ver lo que está ocurriendo justo en el presente. Como la luz y el sonido tarda un tiempo en

llegar hasta nosotros percibimos el mundo con cierto retraso y además un tanto deformado:

una ilusión provoca que los objetos que se mueven aparenten estar dilatados o contraídos.

Chequead el vídeo. Pero eso no es problema para los Dioses: la

omnividencia les permite sentir todo lo que ocurre, pueden visualizar todo lo que está

sucediendo en el Cosmos en ese mismo momento, sin necesidad de ningún mensajero. Ellos

sí que perciben el presente. Y claro, los Dioses son tan curiosos y les encanta tanto

explorar cómo funciona el Universo que, antes que bajar a la Tierra, prefieren quedarse

flotando mientras escudriñan cada lugar del espacio. Se podría decir que prefieren la

contemplación frente a la acción. Esta fabulosa habilidad les hace a los Dioses

ponerse muy chulitos: como nosotros somos los pardillos que no podemos percibir el presente

los Dioses se pensaban que eran muy superiores a nosotros… Claro, hasta apareció Albert

Einstein. El nos mostró que los Dioses no son tan buenos viendo “el presente” como

ellos fardan. La cosa es un poco relativa. Atentos: Supongamos que tenemos un cohete

en movimiento. Dentro, en cada extremo de la nave, tenemos a dos tipos cada uno con

una bombilla. Previamente se ponen de acuerdo y deciden que a las doce de sus respectivos

relojes encenderán las bombillas. Una vez el otro vea la luz del contrario pegará un

grito. Si un Dios estuviera presenciando la situación percibiría un baile coordinado:

las bombillas se encienden a la vez, la luz recorre el cohete de manera simétrica y las

dos personas gritan al unísono. No obstante, si lo estuvieras presenciando una tercera

persona… Bueno, lo más seguro es que le llegara la luz de una de las personas antes

que la otra, acabaría viendo que una luz se enciende antes y los gritos también estarían

descoordinados. Un poco desastre. “Una visión falsa de la realidad, no como lo mía” diría

el Dios. Pero lo cierto es que se equivoca en lo último. Imaginad ahora que otro Dios

se pone a observar flotando quieto en el espacio. Sería intuitivo que percibiera lo mismo que

el primer Dios, las bombillas se encienden a la vez, la luz recorre el cohete y los dos

extremos gritan a la vez. Sin embargo, eso tendría una implicación: para que los rayos

de luz pudieran viajar a la par con el cohete uno tendría que ir más rápido que la velocidad

de la luz y el otro más lento. Si lanzas una pelota en un tren, para alguien que está

fuera la pelota se mueve con su velocidad propia más la velocidad que lleva el tren.

Lo mismo debería pasar con estos rayos de luz… Salvo porque Einstein sabía que esto

era imposible. Y es que la luz no se comporta como la pelota en el tren. Si disparo dentro

un rayo de luz lo mediré que va a unos 300.000 km/s, pero si lo midiera desde fuera…. Vería

que también va a unos 300.000 km/s; nada de sumar la velocidad del tren. ¿Cómo sabía

esto Einstein? Por un lado, porque nadie de su época había

logrado medir ni directa ni indirectamente un rayo de luz que no fuera a unos 300.000

km/s, por mucho que forzaran la situación, lo cual era bastante era sospechoso. Y por

otro, porque las ecuaciones que rigen el electromagnetismo, unas ecuaciones que estaban hechas a medida

de los experimentos, sugerían que la velocidad de la luz era especial; era siempre constante.

Hoy en día montones de tests nos los confirman con rotundidad: No importa quién esté mirando

un humano o un Dios, quieto, en un skate o viajando en un cohete. Todos los observadores

que van a velocidad constante miden que los rayos de luz se mueven al mismo ritmo. Este

es el Principio de Invariancia de la Velocidad de la Luz, una de las dos piernas de la Relatividad

Especial. Y para que este principio se cumpla, y que todo el mundo sin importar cuanto se

muevan midan lo mismo, es necesario que la estructura del espacio tiempo cambie según

la velocidad. Volvamos al cohete: si nos tomamos todo lo

anterior en serio, el Dios que está fuera debería ver como los rayos de luz dentro

del cohete se mueven cada uno a la velocidad de la luz, como si el movimiento de la nave

no les afectara. Esto lleva a que un rayo llegue antes que el otro, y que por tanto

uno de los extremos grite antes que el otro. Dentro; sincronizado; fuera; desincronizado.

Dejadme que matice esto porque los Dioses no ven, no oyen. Lo que perciben es lo que

ocurre. Si un Dios viajando con la nave percibe que los gritos suceden a la vez, es porque

están ocurriendo a la vez. Pero si desde fuera percibe que suceden uno primero y luego

el otro es porque están ocurriendo uno primero y después el otro. Esto no es ningún tipo

de ilusión sujeta al observador. Ningún mensajero puede distorsionar la visión de

un Dios. Y sin embargo este par de eventos ocurren de manera distinta para cada uno.

Esta es la manera que tiene el Universo de asegurarse que todos medimos la misma velocidad

de la luz: dependiendo del ritmo al que te muevas la estructura del espacio y del tiempo

cambia, desordenando los eventos que ocurren. Literalmente se modifica qué es el presente.

Más en concreto, lo que las matemáticas de la Relatividad te muestran es que un Dios

en movimiento (respecto a otro que está parado) percibe a su espalda cosas que ya ocurrieron

y enfrente suya cosas que van a ocurrir. Cuanto más lejos perciba hacia adelante más en

el futuro se adentrará, y cuanto más lejos observe hacia atrás más en el pasado se

sumergirá...Y esto me recuerda a algo: nosotros cuando miramos a nuestro alrededor solo podemos

percibir el pasado; cuanto más lejos miremos más atrás en el tiempo. Precisamente es

esto lo que nos lleva a ver objetos en movimiento dilatados o contraídos. Así que… ¿A los

Dioses no les debería pasar algo similar? Una vez más, volvamos al cohete: el Dios

que está dentro podría saber la longitud del cohete utilizando los gritos; una vez

sucedan mide la distancia entre ellos y listo. Pero el Dios que está fuera no lo tiene tan

fácil: el no puede utilizar los dos gritos como marcadores porque uno sucede después

del otro y sabe que estaría falseando la medida si sigue el mismo procedimiento. Así

que se ve renegado a coger el primer grito como primer marcador y la punta del cohete

en ese mismo instante como segundo. Problema: que dado que el segundo grito todavía no

se ha producido, la punta del cohete que el Dios está percibiendo es la punta del cohete

en el pasado. Y el cohete en el pasado se encontraba más atrás. Así que la distancia

que el Dios de fuera mide es menor que la del Dios que está dentro. Gente, esta es

la Contracción Lorentz. La contracción lorentz no es que los cohetes

y las distancias se plieguen sin más. Es un efecto secundario de alterar el presente,

un fenómeno análogo a lo que experimentamos nosotros con la luz o el sonido. Solo que

con dos diferencias: primero, y me repito, esta contracción no es ningún engaño de

la percepción, el cohete ES más corto. No es algo que estés viendo, es algo que está

sucediendo. Es un hecho que emerge de que cada trozo del cohete pertenezca a un momento

del tiempo distinto y estén todos pegados juntos, algo parecido a lo que veíamos con

nuestro coche. Y segundo: los cohetes siempre están contraídos

sin importar si van o viene, al contrario de lo que pasaba con la ilusión óptica.

La diferencia está en que los humanos siempre vemos el pasado sin importar donde miremos,

mientras que los Dioses ven el futuro delante y el pasado atrás. Está discrepancia permite

que todo se mantenga contraído bajo su omnividencia. Pero, dejando estos detalles al margen, creo

que os podéis imaginar por qué los Dioses odian a Einstein. La que montó en la comunidad

divina fue enorme. Había expuesto ante toda la humanidad un vergonzoso secreto: los Dioses

sufren de taras muy parecidas a las de los humanos, y eso, por supuesto, hería el ego

de muchos de ellos. Aun así Einstein no comprendía por qué se enfadaban tanto. Al fin y al cabo

ver dos eventos desincronizados o un cohete aplastado son cosas bastante relativas. ¿Aplastado

respecto a qué? ¿qué es más real? ¿el cohete contraído que ve el Dios o el Dios

contraído que se ve desde la nave? Este es el punto clave que establece la otra

pierna de la Relatividad: el Principio… de Relatividad. Que realmente no hay un presente

absoluto, o una longitud correcta y absoluta con la que comparar todo. En esta imagen:

¿se está moviendo el cohete hacia el asteroide o se está moviendo el asteroide hacia el

cohete? No se puede diferenciar. Lo único con lo que podemos trabajar es con la distancia

relativa entre ellos. Lo mismo pasa aquí: Tú tomas siempre como

referencia tu propio presente y después lo comparas con el resto de objetos que se mueven

alrededor de ti. Lo único con lo que puedes trabajar es con la desincronización que hay

entre vosotros dos. No hay un punto de referencia universal, todos los observadores vemos el

Cosmos de una manera válida, tanto humanos como sobrehumanos.

Bueno, claro, hasta que esas puñeteras ilusiones ópticas se ponen de por medio. Y eso me lleva

a una pregunta: si por un lado sucede que las distancias se contraen y, por otro, tenemos

que aguantar a la luz y el sonido deformándonos las realidad, entonces ¿qué ocurría si

lo ponemos todo junto? ¿qué vería una persona a grandes velocidades?

Lo veremos en el próximo vídeo. Y recuerda si quieres más ciencia solo tienes que suscribirte.

Y gracias por verme.

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