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Español Con Juan, Franco ha muerto

Franco ha muerto

Hola, chicos, ¿qué tal?

¿Cómo va todo? ¿Cómo va la semana?

Espero que todo vaya bien.

Bienvenidos a un nuevo episodio de Español Con Juan.

El episodio de hoy es un poco diferente.

Quisiera hacer una serie de episodios hablando de diferentes momentos de la historia reciente de España o quizás hablando de algunos aspectos de la sociedad o de la cultura de España.

Muchos me habéis dicho que os gustaría saber más sobre estos temas, que son temas que os interesan. Me parece normal. Si estáis estudiando español, es normal sentir curiosidad por cómo es España, cómo es la sociedad, cómo son los españoles.

Sin embargo, no quisiera simplemente soltar un rollo hablando de fechas y grandes acontecimientos. Este día sucedió tal cosa. Este año pasó esto…

No. Yo creo que para eso ya están los libros de historia o tal vez la Wikipedia. En la Wikipedia podéis encontrar todo ese tipo de información digamos “factual”, basada en los hechos.

Yo quisiera darle un toque personal a esos hechos. Contar cómo es España desde el punto de vista de un español, desde el punto de vista de alguien de la calle, de alguien que ha vivido allí.

Es decir, lo que me interesa no es tanto contar los hechos, sino cómo yo los viví. Yo os puedo contar mi propia experiencia personal, mis sentimientos, mi punto de vista, cómo se vivían en la calle esos acontecimientos.

En fin, no sé. Como siempre, supongo que habrá gente a la que le guste este tipo de episodios y habrá gente a la que no le guste. Pero me gustaría probar a ver qué tal y si a la mayoría le gusta, pues haré más episodios de este tipo. ¿De acuerdo?

Claro, si veo que a la mayoría de la gente no le interesa este tipo de episodios, pues dejaré de hacerlos.

Pero yo creo que vale la pena probar, ¿no? Como suele decirse: renovarse o morir.

El episodio de hoy se llama FRANCO HA MUERTO. Supongo que no tengo que explicar de qué se trata, ¿no?

Venga, vamos allá.

FRANCO HA MUERTO

El 20 de noviembre de 1975 yo tenía 12 años.

Me levanté temprano, me vestí, desayuné y salí de casa para ir al colegio. Como todos los días.

Entraba a las nueve. Normalmente salía de casa a las nueve menos cuarto. Iba a pie. Tardaba unos veinte minutos en llegar.

Sí, efectivamente, lo habéis entendido: llegaba tarde casi todos los días.

Aquel día iba a ser un día normal, como cualquier otro día, salvo que no lo fue. Fue un día extraordinario que iba a recordar toda mi vida.

Yo entonces, cuando salí de mi casa aquella mañana del 20 de noviembre de 1975 todavía no lo sabía, claro.

Recuerdo que me enteré de la noticia mientras iba por la calle, al ver a un chico leyendo el periódico en la esquina de una tienda por la que solía pasar todos los días.

Creo que era el ABC.

La primera página decía, en letras muy grandes:

FRANCO HA MUERTO

Después he sabido que la gente, los adultos, esperaban esta noticia desde hacía tiempo.

Franco era ya muy anciano. Tenía 82 años y estaba enfermo. Llevaba varias semanas en el hospital y la gente sospechaba que algo así podía pasar de un momento a otro. Era un desenlace que mucha gente esperaba.

Yo no. Yo tenía 12 años. A los 12 años uno no sabe de esas cosas. Sabía, sí, que Franco era un señor muy mayor que aparecía a menudo en la tele y que llevaba mucho tiempo en el hospital. Lo decían todos los días en las noticias, pero no me esperaba que muriese.

Me llevé una impresión tan grande al ver la noticia en la portada de aquel periódico que es una escena que se me quedó grabada en la memoria para siempre.

Recuerdo que cuando vi la noticia me paré, dejé de caminar. El corazón me dio un vuelco. No sé si incluso dije algo o hice algún movimiento con las manos sin darme cuenta porque el chico que leía el periódico, levantó la vista y me miró.

Cuando me recuperé de la impresión, seguí caminando.

No me acuerdo de qué pasó exactamente aquel día en el colegio. Creo recordar que cuando llegué ya no había nadie. Las clases se habían suspendido.

Tengo una imagen difusa del colegio ese día. Solo recuerdo que las clases, las aulas, estaban desiertas. No había nadie.

Siempre he dado por descontado que los profesores nos dijeron que nos podíamos ir a casa, que el colegio estaba cerrado; pero, ahora que lo pienso, lo más probable es que la mayoría de los niños simplemente no hubieran asistido ese día a clase. Probablemente, los padres, prudentemente, les habrían dicho a sus hijos que se quedaran en casa.

Solo algunos padres despistados, como los míos, que no se habían enterado de la noticia, pues mandaron a sus hijos al colegio aquella mañana, como si nada.

Uno de los pocos niños que había aquella mañana en el colegio era mi amigo Torcuato.

Recuerdo que los dos estábamos contentos. Nos habían dicho que el colegio estaría cerrado durante algún tiempo, por luto. Me parece que nos dijeron que íbamos a estar de luto unas tres semanas. Era genial. ¡Tres semanas de vacaciones!

Recuerdo que, aunque llovía, Torcuato y yo estábamos en el patio del colegio. No nos importaba mojarnos. Los dos estábamos saboreando las semanas de vacaciones que nos aguardaban y no teníamos ganas de irnos a casa.

Aunque éramos unos niños, intuitivamente ya sabíamos que la anticipación del placer de las vacaciones era mejor aún que las vacaciones. Igual que el mejor momento del fin de semana era el viernes por la tarde, cuando terminaba el colegio y tenías por delante dos días para correr un sinfín de aventuras o para holgazanear y no hacer nada.

Por eso Torcuato y yo no teníamos ganas de irnos a casa. Queríamos quedarnos allí, prolongando el placer de saber que durante tres semanas el colegio estaría cerrado.

De repente, Torcuato se puso muy serio y me dijo: “Yo preferiría que no hubiese muerto, aunque tuviéramos colegio”.

“Yo también”, le dije yo.

Torcuato tenía razón. Allí estábamos los dos, riendo contentos porque habían cerrado el colegio, sin pararnos a considerar que en realidad estábamos de luto por la muerte de Franco. Éramos unos egoístas.

No estaba bien estar alegre por la muerte de una persona. Menos aún por la muerte de Franco.

Un poco más tarde volví a mi casa, arrastrando la cartera llena de libros. Creo que todavía no eran las diez de la mañana.

Recuerdo que me encontré con un par de vecinas en las escaleras del edificio donde vivía.

Una de ellas me preguntó “¿Ya has vuelto? ¿No hay colegio hoy?” y yo les contesté: “¡Ha muerto Franco!”

“¡Qué! ¿Cómo?” Las dos me miraron con los ojos muy abiertos. Todavía no se habían enterado de nada.

Recuerdo que me sentí muy importante. Aquello era una noticia bomba y era yo el que se la estaba dando.

Luego entré en mi casa. Mis tías tampoco se habían enterado de nada. No me extraña. En la casa no había radio y ellas no ponían la televisión hasta la hora de comer. Si yo no se lo hubiera dicho, no se habrían enterado de nada.

Pusimos la tele cuando un señor muy triste y con las orejas muy grandes estaba empezando a hablar.

(Discurso de Arias Navarro)

Era el 20 de noviembre de 1975 y yo tenía 12 años.

Yo todavía no lo sabía, pero en España todo estaba a punto de cambiar. A partir de ese día, ya nada sería igual.

Bueno, chicos, lo dejamos aquí por hoy. Espero que os haya gustado este episodio un poco diferente de los que hacemos habitualmente. Si os gusta, intentaré hacer otros episodios similares, hablando de acontecimientos o hechos de la historia reciente de España, pero con un toque humano, contando mi propia experiencia o la experiencia de la gente de la calle. En fin escribid un comentario y decidme qué pensáis.

Y nada más. Nos vemos, no, no nos vemos, nos escuchamos, nos escuchamos en el próximo episodio de Español con Juan.

¡Hasta pronto!

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