Yo nena (1)
Si usas Radio Ambulante para mejorar tu español, este mensaje es para ti. Sabemos que muchos de ustedes se apoyan en las transcripciones que tenemos en nuestra página web. Y bueno, funciona: leen, ponen pausa, leen, ponen pausa, etcétera, etcétera. Ok, pero para ustedes tenemos algo mejor: nuestra nueva app para los estudiantes de español. Se llama Lupa.
La diseñamos con ustedes en mente: pensando qué se necesita para transformar las historias de Radio Ambulante en una herramienta efectiva de aprendizaje. Vayan a Lupa.app. Tenemos un par de historias gratuitas, para que vean cómo funciona. Les va gustar. Lupa.app. Una nueva manera de aprender español.
Ok, aquí el episodio.
Bienvenidos a Radio Ambulante desde NPR. Soy Daniel Alarcón.
GABRIELA MANSILLA: Bueno, mi nombre es Gabriela Mansilla. Tengo 45 años.
ALARCÓN: Gabriela es de Merlo, una ciudad a unos 50 minutos de Buenos Aires. y la historia de hoy empieza hace unos diez años, en el barrio donde vivía con su pareja y sus dos hijos mellizos, Manuel y Elías.
MANSILLA: Sí, me acuerdo tal cual porque enfrente... ¿ves como mi casa con rejas?... Enfrente había una nena.
ALARCÓN: En esa época sus hijos —que tenían un poco menos de dos años— estaban aprendiendo a caminar y Gabriela se acuerda que uno de ellos —Manuel— hacía algo curioso, algo que Elías no. Le cogía la mano y...
MANSILLA: Me llevaba hasta la reja y me señalaba la nena de enfrente.
ALARCÓN: Lo hacía muchas veces.
MANSILLA: Todo el tiempo. Y yo le decía: “La nena, sí, qué linda nena”.
ALARCÓN: A Gabriela le llamaba la atención que Manuel insistiera tanto con esa nena, pero igual en ese momento lo único que se le ocurría era...
MANSILLA: “Tiene novia. Le gusta”. ¡Mirá vos! “Le gusta la nena que está enfrente. Mirá, le encanta la nena. Está pendiente de esa nena”. Guau.
ALARCÓN: Unos meses después, cuando Manuel ya empezaba a decir algunas palabras, estaban otra vez delante de la reja, viendo a la niña, cuando Manuel dijo algo, casi balbuceando.
MANSILLA: “A... a... a... Yo, nena. Yo, princesa”.
ALARCÓN: En ese momento Gabriela no le dio importancia.
MANSILLA: No le presté atención. Qué sé yo, pasó por... como un juego. Y quedó... quedó como si me hubiera dicho cualquier otra cosa.
ALARCÓN: Pasaría un buen tiempo antes de que Gabriela entendiera esa frase de su hijo. El significado cambiaría la dinámica familiar y cambiaría a Gabriela misma, forzándola a enfrentar sus prejuicios más profundos.
Las periodistas argentinas Aneris Casassus y Patricia Serrano investigaron esta historia.
Aquí Aneris.
ANERIS CASASSUS: Vamos a volver a la escena que describió Daniel en un rato, pero primero queremos contar cómo es Gabriela, su vida. Era un martes feriado en Argentina cuando llegamos a la casa de Gabriela en Merlo. Gabriela vive en un barrio de calles de tierra y casas bajas, un barrio silencioso donde se escucha el ladrido de los perros y el canto de los pájaros. Un barrio donde todos los vecinos se conocen.
A mediados de los 2000, Gabriela tenía 32 años. Era dueña de un local en el que vendía artículos de limpieza. Todos los días caminaba las 20 cuadras desde su casa y no tenía mayores planes en mente.
MANSILLA: Eh y no. No tenía una proyección a futuro. Viste que hay gente que dice: “Bueno, voy a hacer tal cosa”. No, lo mío era sobrevivir.
CASASSUS: No había terminado la secundaria. No tenía un título ni una profesión.
MANSILLA: Ni nada de qué agarrarme para decir: “Bueno, mirá, me proyecto”.
CASASSUS: Nunca había deseado ser mamá.
MANSILLA: No lo había sentido. No tenía la necesidad. No quería. Consideraba que el ser mamá llevaba mucha responsabilidad, mucho tiempo de mi vida, ¿no? Y tenía que estar totalmente dispuesta a hacerlo. Y no.
CASASSUS: No, no estaba dispuesta en absoluto. De hecho, Gabriela estaba tan segura de que ser madre sería un trabajo a tiempo completo que había terminado una relación por eso. Su pareja de entonces quería hijos, pero ella no se sentía lista. Así que tomaron caminos distintos.
Pero todo cambió en 2006 cuando conoció a Guillermo.
MANSILLA: Fue muy mágico, ¿no? Fue muy loco porque apenas lo conocí, a las semanas, empecé a tener la necesidad de ser mamá. Fue una sensación, un sentimiento que me empezó a nacer y, eh, y sentí también que iba a ser con esa persona.
CASASSUS: Poco después quedó embarazada.
MANSILLA: Fue una felicidad inmensa. El tema fue cuando me hice la primera ecografía y me dijeron que eran dos. Me… me agarró como un pánico, ¿no? Enterarme que eran dos. Me peleé con el ecógrafo. No le creí. Me levanté y me fui. Me agarró así como un ataque de llanto. No sabía cómo iba a enfrentar un embarazo gemelar. No. No podía. No. Fue mucha angustia la que me generó saber que iban a hacer dos bebés.
CASASSUS: Era demasiado para ella: hacía poco tiempo pensaba que no iba a ser madre nunca y ahora estaba embarazada de mellizos. Para colmo, no iba a ser un embarazo fácil.
MANSILLA: Primero me dijeron que estaban en sacos diferentes, que no eran gemelos.
CASASSUS: Eso tiene un nombre bastante técnico: se le dice embarazo gemelar monocorial biamniótico, que significa…
MANSILLA: Que están en distintos sacos como cualquier par de mellizos, pero tenían una sola placenta como los gemelos, ¿no? Era como un embarazo… ya era un embarazo atípico.
CASASSUS: Pero cuando, al cuarto mes, en una nueva ecografía se enteró el sexo de los bebés...
MANSILLA: Y ahí, sí, la ecógrafa me dijo: “Vas a tener dos varones”. Primero que me puse recontra feliz porque yo no quería mujeres, porque yo lo había pasado muy mal como niña, ¿no? Con estas desigualdades de género que hay, imagináte 30 años atrás.
CASASSUS: Apenas salieron de la ecografía, mientras caminaban a su casa, decidieron los nombres: Manuel y Elías Federico. Y enseguida Gabriela empezó a imaginarse cómo sería todo.
MANSILLA: Tenía un mundo para un varón: pelota de fútbol, celeste, pantalón, novias, muchas.
CASASSUS: Uno sería electricista, el otro mecánico. Irían juntos a una escuela técnica y serían amigos inseparables.
Esos sueños ayudaron a Gabriela a transitar su embarazo, que no fue para nada fácil. Le tenían que poner inyecciones constantemente, tomar medicina y estar acostada prácticamente todo el tiempo pues tenía una constante amenaza de aborto. La mayor parte del tiempo la pasó sola, en la cama, imaginando a sus bebés. Su pareja trabajaba todo el día, su madre y sus hermanos también.
A su hermana Silvia se le habían muerto dos bebés por una enfermedad de coagulación que no le habían detectado y Gabriela tenía miedo de que fuera genético, por eso no quiso preparar nada.
MANSILLA: No compré ropita. No tenía un bolso armado. La verdad es que hasta que no los viera vivos acá en mi casa conmigo, no preparé absolutamente nada, viste. Tenía ese miedo de que les pasara algo.
CASASSUS: Pero que tuviera miedo no significaba que no siguiera imaginándolos.
MANSILLA: Me los imaginé y no solo me los imaginé sino que les fui preparando —porque al tener tantos meses de reposo absoluto— les preparé dos cuadernos, uno a cada uno, proyectando… sí puse mucho amor en proyectar, no mi vida, sino la de ellos. Y desde ese momento ya empecé a darles fuerza para… para que puedan vivir.
CASASSUS: Aunque el parto fue antes de tiempo y de urgencia, todo salió bien. Los mellizos nacieron por cesárea a las 35 semanas de gestación, el 3 de julio de 2007. Los llevaron a incubadoras a neonatología pero se recuperaron pronto y a los nueves días ya estaban en casa.
Pero la vuelta a casa no fue nada fácil. Su pareja estaba muy ausente.
MANSILLA: Supongo que desbordó. No asumió esa paternidad. A los, qué sé yo, al menos de un mes de vida empezó a abandonarnos. A decir que no podía. Se iba. Tardaba tres, cuatro días en volver.
CASASSUS: Tratamos de hablar con Guillermo para saber su versión de los eventos, pero no fue posible localizarlo.
Las cosas entre Gabriela y Guillermo empeoraban cada vez más. Él trabajaba todo el día y cuando estaba en casa se la pasaban peleando. Y después de una pelea, él se iba por días de la casa.
Por su embarazo complicado Gabriela había cerrado el local así que no tenía más ingresos y dependía de lo que su pareja le daba.
MANSILLA: Si él se iba, se iban los pañales, se iba la leche. No me quedaba otra que ir a buscarlo.
CASASSUS: O aguantarse o disculpar el maltrato que muchas veces le daba. Su familia entera trabajaba y solo podían ir un rato de visita. Se sentía sola y abrumada. Solo podía pensar un día a la vez.
MANSILLA: ¿Viste esa frase de “me desviví”? Es verdad. Porque dejé mi vida de lado. Dejé de ser Gabriela. Fui mamá. “Mamá de”. Mamá de Manuel y mamá de Elías. Y no fui otra cosa que no sea eso. Fue mucho más difícil de lo que…. de lo… que cualquier cosa que pudiera imaginar.
CASASSUS: Además de tener que hacer sola los malabares normales entre los dos bebés, había uno —Manuel— que lloraba todo el tiempo. Y ella no podía hacer que parara de llorar, de ninguna manera.
MANSILLA: Era incansable. No terminaba nunca de llorar. Me… me consumía la atención, ¿no? La demanda era increíble. Pero, bueno, pensé que tenía un bebé de una manera y otro bebé de otro. Es lo más común, para mí. Pero ya para… para el año se acentuó muchísimo.
CASASSUS: Había algo en particular que llamaba la atención de Manuel.
MANSILLA: Tenía ojos tristes. Todas las personas se daban cuenta que tenía ojos tristes. Y al año y medio se le empezó a caer el pelo, ¿no? Tenía agujeros en la cabeza, cuatro —me acuerdo— cuatro agujeros del tamaño de una moneda de 50 centavos. Y a eso se le sumó las pesadillas, digo pesadillas porque eran gritos desgarradores.
CASASSUS: El miedo de Gabriela era que estuviera enfermo, porque era evidente que algo estaba mal. Sobre todo comparado con Elías que era muy tranquilo.
MANSILLA: Se notaba mucho la diferencia. Mi mamá venía y me decía, “algo le pasa algo”. Era… viste, cuando no puedes descifrar pero está tan evidente que algo le estaba pasando.
CASASSUS: Consultó con el pediatra y lo mandaron a un neurólogo infantil. Le hicieron exámenes, pero nada. Por un lado, fue un alivio saber que no tenía nada, pero al mismo tiempo seguía con la angustia de no tener explicación de lo que le estaba pasando a su hijo. Por lo de la caída del pelo, Gabriela lo llevó a lo de una dermatóloga.
MANSILLA: Que me preguntó si había muerto alguien en la familia, me acuerdo. Me hizo un montón de preguntas: si yo me había mudado, si me había separado o si me peleaba con el padre, si…
CASASSUS: Y es que al parecer no había ninguna otra explicación de lo que le estaba pasando, más que la emocional. Porque es que además de lo del pelo, del constante llanto, de las pesadillas, Manuel…
MANSILLA: Empezó a pegarse... los enojos, ¿no? Porque se agarraba de los barrotes de la cuna para pegarse la cabeza contra los barrotes de la cuna.
CASASSUS: Cuando la dermatóloga le dijo que era emocional Gabriela no entendía.
MANSILLA: ¿Cómo emocional al año y medio? Ahí me agarró un… Dije: “Se le va a caer el pelo, no sé. Va a quedar pelado si repite de año, ¿no?”. Qué sé yo. Cualquier situación que le pase se le va a caer el pelo de esta manera. Dije: “No, no puede ser”.
CASASSUS: La situación con Manuel empezó a afectar a todos, pero a Elías especialmente.
MANSILLA: Tenía mucho miedo. Yo me acuerdo que Elías ante los gritos se quedaba quietito. Cuando fue creciendo se tapaba la cabeza con la sábana. Era muy incómodo para Elías.