Vidal empezó a notar algo raro en la comisaría. Castillo tomaba muchos más cafés que antes. Y siempre a la misma hora que Nora.
Un viernes los vio juntos delante de la máquina del café. Nora se reía. Castillo se reía también, demasiado, con una mano en el pelo.
Vidal sintió algo muy extraño. Una mezcla de celos de madre, de jefa y de policía. Pensó en hacer un interrogatorio. Pensó en cambiar a Castillo de turno.
No hizo nada de eso.
En el coche, de camino a un caso, Castillo habló primero.
—Inspectora, sobre Nora…
—No quiero saber nada, Castillo.
—Pero…
—Nada. Mira la carretera.
Castillo miró la carretera.
Vidal miró por la ventana. Por dentro, estaba sonriendo. Un poco. No pensaba admitirlo nunca.