Un miércoles, Vidal llegó a la comisaría y encontró a alguien sentada en la mesa de al lado. Era su hija, Nora.
—¿Qué haces aquí?
—Prácticas. Tres meses. Criminología. —Nora sonrió—. Me ha tocado esta comisaría. No te lo dije porque sabía que ibas a intentar impedirlo.
Vidal se quedó sin palabras. Era verdad. Lo habría intentado.
Beltrán apareció en ese momento.
—Ya veo que se conocen. La señorita Vidal va a trabajar con su equipo. Me parece una oportunidad excelente.
Vidal estaba segura de que Beltrán lo había hecho a propósito.
Durante todo el día, Nora tomó notas de todo. Hacía preguntas. Muchas preguntas. Vidal contestaba con frases cortas.
Por la noche, en casa, Vidal se dio cuenta de algo. Estaba enfadada. Pero también un poco orgullosa. No sabía cuál de las dos cosas era más fuerte.