Un año después del robo del dibujo de Goya, empezó el juicio contra Rosalía Pardo, la restauradora del museo.
Vidal tuvo que declarar como testigo. Contó todo: el robo de la copia, los motivos, la confesión voluntaria. Intentó hablar con objetividad. No lo consiguió del todo.
—¿Usted cree que la acusada es una persona peligrosa? —le preguntó el abogado de Rosalía.
—Creo que es una persona que quiso proteger a su padre —dijo Vidal—. De una forma muy equivocada.
El juez condenó a Rosalía a un año de prisión, pero no tuvo que entrar en la cárcel. Era su primer delito y había confesado. Perdió su trabajo en el museo.
A la salida, Rosalía se acercó a Vidal.
—Gracias por decir lo de mi padre.
—No lo dije por usted.
Las dos sabían que eso no era del todo verdad.