Usted lleva diecinueve relatos escuchándome. Le he contado historias de ladrones, de islas, de ascensores, de abuelas y de diarios. Ha confiado en mí. Ha creído todo lo que le he dicho.
Quizás nunca se ha preguntado quién soy yo. No soy escritor. No soy profesor. No soy nadie que usted conozca.
Soy la voz que lleva un rato en sus oídos mientras usted camina, cocina, conduce o intenta dormir. Y tengo que confesarle algo. En uno de estos veinte relatos le he mentido. No en la historia, sino en un detalle, un número, un nombre, una fecha.
No le voy a decir cuál. Puede volver a escucharlos todos para buscarlo. O puede no hacerlo y quedarse con la duda para siempre. Yo, en su lugar, empezaría por el primero