Una mujer mayor había denunciado un robo en su chalé de las afueras de Zaragoza: joyas, dinero y un reloj de oro. El ladrón había entrado de noche, mientras ella dormía.
—¿Tiene usted perro? —preguntó Vidal.
—Sí, Toby. Ladra a todo el mundo. A los carteros, a los vecinos, a las palomas.
—¿Y anoche ladró?
La mujer lo pensó un momento.
—No. Ahora que lo dice, no.
Castillo miró a Vidal sin entender. Ella sonrió y sacó unas pipas.
—¿No has leído a Sherlock Holmes, Castillo? En Estrella de Plata, un cuento de Conan Doyle, la pista más importante es un perro que no ladra por la noche. Si el perro no ladró, es porque conocía al ladrón.
Dos días después, el nieto de la señora confesó. Necesitaba dinero para pagar unas deudas de juego.
La señora retiró la denuncia. Vidal no estuvo de acuerdo, pero no pudo hacer nada.