Este caso se lo propongo a usted que está escuchando, a ver si lo resuelve antes que la inspectora. Un empresario llamó a la policía a las diez y cuarto de la noche. Dijo que, mientras se duchaba, alguien había entrado en su casa y había robado veinte mil euros de la caja fuerte. Cuando salió del baño, el ladrón ya se había ido.
Vidal y Castillo llegaron diez minutos después. El empresario estaba en albornoz, con el pelo mojado, muy nervioso. Vidal entró en el baño, miró el espejo, tocó la toalla, miró el suelo de la ducha. Después, volvió al salón.
¿Ya lo sabe usted? Piénselo un momento. El espejo no tenía nada de vapor. La toalla estaba completamente seca y el suelo de la ducha también.
El empresario se había mojado el pelo en el lavabo. No había ningún ladrón, solo un hombre que necesitaba cobrar el seguro