Durante varios días, la relación entre ambos se mantuvo tensa pero profesional, ninguno de los dos queriendo poner en peligro la cosecha por sus propios conflictos personales. Sin embargo, una noche, mientras revisaban juntos los últimos datos de humedad del suelo, decidieron hablar con más calma.
DIEGO: "Clara, sé que no te conté toda la verdad desde el principio y lo siento de verdad, pero quiero ayudarte a salvar esta cosecha. Eso no ha cambiado nunca."
CLARA: "Ya, Diego, pero necesito tiempo para pensar en todo esto. Pero por ahora, sigamos trabajando juntos. La sequía no va a esperar a que arreglemos nuestros problemas."
Con aquella frágil tregua, ambos volvieron al trabajo, sabiendo que la verdadera prueba, tanto para las vides como para su confianza mutua, todavía estaba por llegar.