La noticia empezó a extenderse rápidamente por todo el pueblo. La maestra de la escuela, doña Elvira, fue a ver el espejo con sus propios ojos, un poco escéptica ante tantos rumores extraños. Al mirarse en el espejo, Elvira vio la cara de Julián, el carpintero del pueblo, reflejada donde debería estar la suya. Doña Elvira salió de la tienda muy pálida, repitiendo en voz baja que aquel espejo no podía ser normal