Semanas después, cuando Elena tuvo que entregar su texto para el certamen literario regional, recurrió de nuevo a su colección de frases bonitas y entre ellas incluyó, ligeramente modificada, la confesión íntima que Marta le había compartido aquella tarde de paseo. El texto se publicó además en el periódico interno del colegio, junto con los nombres de los finalistas seleccionados para la siguiente fase del certamen. Elena, orgullosa de su nuevo logro, ni siquiera se planteó que alguien pudiera reconocer aquellas palabras.