Un día, mientras copiaba en su cuaderno una frase que le había gustado mucho de un poema, se le ocurrió una idea que le pareció genial en aquel momento: empezar a guardar en un cuaderno secreto todas las palabras bonitas que escuchara o leyera a lo largo del día, vinieran de donde vinieran. Podían ser palabras de un profesor, versos de una canción o incluso comentarios que hiciera alguna compañera sin darle mucha importancia. Elena empezó a llenar aquel cuaderno con una dedicación que nunca antes había mostrado hacia ningún otro proyecto escolar, convencida de que aquella colección le sería útil algún día.