El día de la fiesta llegó y Hugo tuvo que subir al escenario sin el amuleto. En cuanto vio a toda la gente mirándolo desde la plaza, sintió que las piernas le temblaban y que se le olvidaban por completo las palabras del poema, a pesar de haberlo estudiado y sabérselo de memoria. Se quedó en silencio unos segundos eternos, hasta que, avergonzado, bajó del escenario sin terminar de leer nada