Por la noche, Hugo se miró el amuleto colgado del cuello y empezó a dudar por primera vez. Recordó la cara asustada de sus compañeros durante la excursión, el golpe en el brazo y la distancia cada vez más grande de Marcos. Hugo se preguntó si realmente estaba usando aquel regalo de su abuelo de la manera que él había querido enseñarle.