Poco a poco, Hugo empezó a meterse en problemas que no eran exactamente suyos. Cuando veía que un amigo tenía una discusión con otro niño, se acercaba directamente y hablaba en su nombre sin que nadie se lo hubiera pedido. Pensaba que ayudaba, pero muchas veces sus amigos se quedaban sin poder decir su propia opinión, porque Hugo ya lo había resuelto todo por ellos