Al día siguiente, en el colegio, Bruno buscó a Alba durante el recreo. Le preguntó directamente sobre los tarros de cristal. Esta vez, Alba no pudo seguir mintiendo. Le contó a Bruno toda la verdad: los tarros, las risas robadas, el jardín con la caja vieja y el miedo enorme que sentía desde que su abuela había dejado de sonreír.
Bruno la escuchó en silencio, con la cara muy seria.