Al día siguiente, Mateo no pudo levantarse para ir al colegio. Su madre, muy preocupada, decidió llevarlo al médico esa misma mañana. Mientras esperaban en la sala de consulta, Mateo pensó en todos los libros que había comido. Pensó en el concurso perdido y en la cara de decepción de sus amigos.
Por primera vez, empezó a preguntarse si aquel extraño poder había sido realmente una buena idea.