Eva abrió el cuaderno con cuidado. Las primeras páginas tenían dibujos de edificios y calles de Madrid. Después encontró dibujos de personas del museo: un guardia, una señora mayor, un niño. Y entonces vio algo que no esperaba: varios dibujos de ella misma.
«¿Pero esto soy yo?», se quedó muy sorprendida. No sabía si sentirse halagada o incómoda. «¿Me ha estado dibujando sin decir nada?», cerró el cuaderno rápido y lo guardó otra vez en el bolso, con el corazón un poco acelerado.