Durante los primeros meses, Tomás disfrutó plenamente de su jardín eterno. Recibió con orgullo las visitas de vecinos curiosos que llegaban desde pueblos cercanos. Ellos venían a contemplar aquel milagro natural que desafiaba todas las leyes conocidas del clima. Sin embargo, poco a poco empezaron a llegar noticias preocupantes desde las granjas cercanas.
Los cultivos de trigo y cebada, que normalmente resistían bien los inviernos moderados de la región, comenzaban a morir bajo un frío mucho más intenso de lo habitual. Esto sucedía incluso antes de la llegada oficial de la temporada invernal según el calendario tradicional que los agricultores siempre habían seguido.