Ante el espíritu, Elisa expresó abiertamente su desacuerdo con la naturaleza del trato heredado. Preguntó directamente si existía alguna otra forma de honrar el pacto original sin tener que sacrificar objetos de valor sentimental cada siete años de forma indefinida. El espíritu, sorprendido ante aquella pregunta tan directa que ninguna generación anterior se había atrevido a formular con tanta claridad, consideró durante un largo momento antes de responder. Era como si la propia pregunta de Elisa hubiera abierto una posibilidad que el equilibrio antiguo nunca había contemplado explícitamente hasta entonces.