La sombra que pidió un nombre. En un pueblo lejano, un joven llamado Darío notó que su sombra, poco a poco, se movía de manera distinta a la suya, como si tuviera voluntad propia. Una noche, la sombra le habló. Llevo siglos sin nombre, condenada a repetir los movimientos de otros.
Si me nombras, seré libre, pero tú perderás algo tuyo a cambio.