Aquel día ayudó a un panadero con su carga. Acompañó a un anciano perdido y compartió su comida con unos niños hambrientos sin esperar recompensa alguna. Al anochecer, el bucle finalmente se rompió y el tiempo volvió a fluir con normalidad. El noble devolvió el reloj a Tobías y jamás volvió a desear más tiempo del que ya tenía.