Sin dudarlo, Yara pidió que su familia volviera a ser pobre, con tal de que la recordaran de nuevo. En cuanto pronunció el deseo, todo desapareció: la casa grande, la comida, la ropa nueva... Pero cuando volvió a casa, su madre corrió a abrazarla, llamándola por su nombre. Yara comprendió, por fin, que había cosas que ninguna flor mágica podría haberle dado nunca, aunque lo hubiera intentado.