Desesperada, Yara regresó al jardín para pedir que todo volviera a ser como antes. La misma voz respondió: «Cada deseo sólo puede pedirse una vez y sólo puede deshacerlo quien esté dispuesto a renunciar a lo que ha ganado, no a lo que ha perdido». Yara comprendió entonces que, si quería recuperar su lugar en la familia, tendría que devolver la riqueza y el bienestar que ellos ahora disfrutaban.