Al volver al pueblo, Luna planta una bellota en el jardín de su casa. ¿Crees que crecerá? pregunta. Si la cuidas, claro que sí.
responde el abuelo. Cada mañana, Luna la riega con un poco de agua. Cada tarde la observa. Durante muchos días no pasa nada, pero Luna no pierde la paciencia.
Sigue cuidándola con la misma ilusión.