Lucas fue a la cocina y encendió la cafetera. Mientras esperaba, buscó algo para comer. Había pan de la noche anterior, un poco seco, pero todavía aceptable. Y también quedaba mantequilla.
No era el desayuno más inspirador del mundo, pero era suficiente. Le preparó la comida a Missy, que se la comió en menos de un minuto. Luego se sentó a la mesa con la taza de café. Bebió despacio, mirando por la ventana.
La calle todavía estaba tranquila. Lucas pensó que quizás ese día sería más fácil escribir que el día anterior.