Una de las primeras cosas que hizo Lucas al llegar a Salamanca fue adoptar un gato. Lo encontró en un refugio de animales cerca del centro. Era el más pequeño de todos y el menos activo. Mientras los otros gatos corrían y jugaban, este dormía en un rincón.
Lucas pensó que eran muy parecidos y se lo llevó a casa. Lo llamó Missy. Desde entonces, Missy ha sido su compañero inseparable. Lucas dice que tener a Missy le ayuda a no sentirse solo.
Aunque reconoce que el gato duerme la mayor parte del día y no es precisamente un gran conversador.