Elena llegó a la librería un poco antes de las nueve. Sacó las llaves y abrió la puerta. Dentro, olía a papel viejo, que es uno de sus olores favoritos. Encendió las luces, puso música suave y preparó el café de Antonio.
Antonio siempre llegaba diez minutos más tarde. Cuando todo estuvo listo, se sentó detrás del mostrador y esperó a los primeros clientes del día.