Al día siguiente, después del trabajo, Elena fue a la residencia El Jardín. Era un edificio tranquilo, con un jardín grande delante, donde había personas mayores sentadas al sol. Elena entró y habló con la recepcionista. Le dijo que quería ver a Rosa Montero.
La recepcionista la miró con curiosidad, llamó por teléfono y esperó. Después de un momento, dijo: «Rosa puede recibirla. Está en la habitación 12, en el primer piso».