Buenas tardes —dijo Elena—. Perdone que la moleste. Busco a una persona que se llama Rosa. ¿La conoce usted?
Creo que vivía en este edificio. La señora dejó la escoba y la miró con atención. ¿Rosa? —dijo—. Sí, Rosa vivió aquí muchos años, pero se fue hace tiempo.
¿Por qué la busca usted? Elena le enseñó el sobre. Encontré esta carta en una librería. Es para ella.