Sofía y la flor. Sofía tenía una capacidad poco común para fijarse en detalles que otras personas pasaban por alto. Mientras sus amigos caminaban por el parque hablando o mirando sus teléfonos, ella observaba las formas de las nubes, los colores de las hojas o el comportamiento de los pájaros. Una mañana de primavera salió a pasear con su abuela.
El parque estaba especialmente bonito. Las recientes lluvias se habían llenado de flores los caminos y todo parecía más vivo que de costumbre. Mientras caminaban, Sofía descubrió una flor amarilla junto a un viejo árbol. No era especialmente grande.
De hecho, probablemente muchas personas habían pasado junto a ella sin verla. Pero Sofía se quedó inmóvil. Había algo elegante en aquella flor solitaria. Durante unos segundos, pensó en arrancarla y llevársela a casa.
Le habría gustado colocarla en su escritorio y verla todos los días. Sin embargo, antes de hacerlo, su abuela le hizo una pregunta.