23 En el Rastro
Carmen: Karin, ¿por qué no nos tuteamos? Somos amigas, ¿no?
Karin: De acuerdo, gracias. A propósito: En la clínica buscaban a alguien para tres años por lo menos. Así que me voy a quedar con vosotros.
Carmen: ¡Estupendo! ¿Me quieres acompañar mañana al rastro?
Karin: Sí, con gusto. Esto me gusta más que cuidar a los niños.
Carmen: Todos los domingos por la mañana en las calles en el sur del barrio de San Isidro hay más gente de la que uno se puede imaginar. Allí se compra, se vende y – lo más importante – se regatea.
En el Rastro.
Karin: ¡Por Dios! ¡Qué mar de gente!
Carmen: Sí ... ¿Has visto ya esas lámparas? Son bonitas.
Karin: Sí, son más bonitas que las que están en la mesa.
Carmen: Seguramente serán caras, costarán más de lo que queremos pagar.
Karin: Vamos a preguntar por el precio, por si las moscas ... (Al vendedor:) Señor, ¿por cuánto me daría esas lámparas? Vendedor: ¿Las de la mesa? Se las dejo en 25000 pesetas, ¿las quiere?
Karin: ¡Qué barbaridad! No, gracias. (A Carmen:) Son más caras de lo que pensábamos.
Carmen: ¿Qué te parece este reloj?
Karin: ¿El del baúl? Será antiguo, ¿no?
Carmen: Antiquísimo. También esas tazas me chiflan. Serán de porcelana...
Karin: ¿A cuánto estarán? ¿Las compramos? (Al vendedor:) ¿Cuánto valen estas tazas?
Vendedor: Esas 6 tazas valen 12000.
Karin: Son muy caras...
Vendedor: ¿Cuánto me da?
Karin: Por todo le doy 10000.
Vendedor: ¡Vale! Voy a empaquetárselas.
Karin: Pues, es una verdadera ganga ¿no?