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Como Agua Para Chocolate, Como Agua Para Chocolate Ep 7 – Text to read

Como Agua Para Chocolate, Como Agua Para Chocolate Ep 7

Fortgeschritten 2 Spanisch lesson to practice reading

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Como Agua Para Chocolate Ep 7

Tita, de la sorpresa, dejó caer algunos chabacanos sobre el piso. Pedro rápidamente

corrió a ayudarla a recogerlos. Y al inclinarse pudo ver una parte de las piernas de Tita que

quedaban al descubierto.

Tita, tratando de evitar que Pedro mirara, dejó caer su falda.

Al hacerlo, el resto de los chabacanos rodaron sobre la cabeza de Pedro.

-Perdóneme Pedro. ¿Lo lastimé?

-No tanto como yo la he lastimado, déjeme decirle que mi propósito...

-No le he pedido ninguna explicación.

-Es necesario que me permita dirigirle unas palabras...

-Una vez lo hice y resultaron una mentira, no quiero escucharlo más...

Y diciendo esto, Tita salió rápidamente de la cocina, por la otra puerta, hacia la sala,

donde Chencha y Gertrudis bordaban la sábana nupcial. Era una sábana de seda blanca a la

que le estaban haciendo un delicado bordado en el centro. Este orificio estaba destinado a

mostrar únicamente las partes nobles de la novia en los momentos íntimos del matrimonio.

Realmente habían tenido suerte en haber podido conseguir seda francesa en esas épocas de

inestabilidad política. La revolución no permitía que uno viajara de una manera segura por el

país; así es que, de no haber sido por un chino, que se dedicaba al contrabando, no les

hubiera sido posible conseguir tela, pues Mamá Elena no habría permitido que ninguna de

sus hijas se arriesgara yendo a la capital a comprar lo necesario para el vestido y el ajuar de

Rosaura. Este chinito era bastante listo: vendía en la capital aceptando billetes del ejército

revolucionario del norte, ahí carecían de valor y no eran negociables. Claro que los aceptaba

a precios irrisorios y con ese dinero viajaba al norte, donde los billetes adquirían su precio

real y con ellos compraba mercancía.

En el norte, por supuesto, aceptaba billetes emitidos en la capital a precios ínfimos y así

se la pasó toda la revolución, hasta que terminó millonario. Pero lo importante era que

gracias a él Rosaura pudo gozar de las telas más finas y exquisitas para su boda.

Tita quedó como hipnotizada, observando la blancura de la sábana; sólo fueron algunos

segundos, pero los suficientes como para causarle una especie de ceguera. Donde quiera que

fijaba la vista sólo distinguía el color blanco. A Rosaura, que se encontraba escribiendo a

mano unas invitaciones, la percibía como un níveo fantasma. Disimuló tan bien lo que le

pasaba que nadie lo notó.

No quería provocar otro regaño de Mamá Elena. Así que cuando los Lobo llegaron a

entregar su regalo de bodas, procuró agudizar sus sentidos para descubrir a quiénes estaba

saludando pues para ella eran como un espectáculo de sombras chinas cubiertos por una

blanca sábana. Afortunadamente la voz chillante de Paquita le dio la clave y los pudo saludar

sin mayor problema.

Más tarde, cuando los acompañó a la entrada del rancho, notó que hasta la noche se

mostraba ante ella como nunca la había visto: reluciente de albor.

Le dio miedo que le fuera a pasar lo mismo en estos momentos, cuando por más que

trataba de concentrarse en la elaboración del fondant para cubrir el pastel, no podía. La

atemorizaba la blancura del azúcar granulado, sentía que de un momento a otro el color

blanco se adueñaría de su mente, sin que ella lo pudiera impedir, arrastrando las cándidas

imágenes de su niñez cuando en el mes de mayo la llevaban vestida de blanco a ofrecer flores

blancas a la Virgen. Entraba caminando entre una fila de niñas vestidas de blanco, hasta el

altar lleno de velas y flores blancas, iluminado por una celestial luz blanca proveniente del

vitral de la blanca parroquia. No hubo una sola vez en que no entrara a la iglesia, soñando

en que algún día lo haría del brazo de un hombre. Tenía que bloquear no sólo éste sino todos

aquellos recuerdos que la lastimaran: tenia que terminar el fondant para el pastel de boda de

su hermana. Haciendo un esfuerzo supremo empezó a prepararlo.

CANTIDADES PARA EL FONDANT:

800 gramos de azúcar granulado

60 gotas de limón y el agua suficiente

para que remoje el azúcar

Manera de hacerse:

Se ponen en una cacerola, el azúcar y el agua al fuego sin dejar de moverla, hasta que

empieza a hervir. Se cuela en otra cacerola y se vuelve a poner al fuego agregándole el limón

hasta que tome punto de bola floja, limpiando de vez en cuando los bordes de la cacerola con

un lienzo húmedo para que la miel no se azucare; cuando ha tomado el punto anteriormente

indicado se vacía en otra cacerola húmeda, se rocía por encima y se deja enfriar un poco.

Después, con una espátula de madera, se bate hasta que empaniza.

Para aplicarlo, se le pone una cucharada de leche y se vuelve a poner al fuego para que se

deslíe, se pone después una gota de carmín y se cubre con él únicamente la parte superior

del pastel.

Nacha se dio cuenta de que Tita estaba mal, cuando ésta le preguntó si no le iba a poner

el carmín.

-Mi niña, se lo acabo de poner, ano ves el color rosado que tiene?

-No...

-Vete a dormir niña, yo termino el turrón. Sólo las ollas saben los hervores de su caldo,

pero yo adivino los tuyos, y ya deja de llorar, que me estás mojando el fondant y no va a

servir, anda, ya vete.

Nacha cubrió de besos a Tita y la empujó fuera de la cocina. No se explicaba de dónde

había sacado nuevas lágrimas, pero las había sacado y alterado con ellas la textura del

turrón. Ahora le costaría doble esfuerzo dejarlo en su punto. Ya sola, se dio a la tarea de

terminar con el turrón lo más pronto posible, para irse a dormir. El turrón se hace con 10

claras de huevo y 500 gramos de azúcar batidos a punto de hebra fuerte.

Cuando terminó, se le ocurrió darle un dedazo al fondant, para ver si las lágrimas de Tita

no habían alterado el sabor. Y no, aparentemente, no alteraron el sabor, pero sin saber por

qué, a Nacha le entró de golpe una gran nostalgia.

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