Como Agua Para Chocolate Ep 6
-¡No!
Suspendió la batida y tomó el huevo entre sus manos. Claramente escuchaba piar a un
pollo dentro del cascarón. Acercó el huevo a su oído y escuchó con más fuerza los pillidos.
Mamá Elena suspendió su labor y con voz autoritaria preguntó:
-¿Qué pasa? ¿Qué fue ese grito?
-¡Es que dentro de este huevo hay un pollo! Nacha de seguro no lo puede oír, pero yo sí.
-¿Un pollo? ¿Está loca? ¡Nunca ha pasado algo parecido con los huevos en conserva!
De dos zancadas, llegó hasta donde estaba Tita, le arrebató el huevo de las manos y lo
partió. Tita cerró los ojos con fuerza.
-¡Abre los ojos y mira tu pollo!
Tita abrió los ojos lentamente. Con sorpresa vio que lo que creía un pollo no era más que
un huevo y bastante fresco, por cierto.
-Escúchame bien Tita, me estás colmando la paciencia, no te voy a permitir que empieces
con locuras. ¡Esta es la primera y la última! i0 te aseguro que te arrepentirás!
Tita nunca pudo explicar qué fue lo que pasó esa noche, si lo que escuchó fue producto
del cansancio o una alucinación de su mente. Por lo pronto lo más conveniente era volver a
la batida, no quería investigar cuál era el limite de la paciencia de su madre.
Cuando se baten los dos últimos huevos, se incorpora la ralladura del limón; una vez ha
espesado bastante la masa, se deja de batir y se le pone la harina tamizada, mezclándola
poco a poco con una espátula de madera, hasta incorporarla toda. Por último se engrasa un
molde con mantequilla, se espolvorea con harina y se le vacía la pasta. Se cuece en horno por
treinta minutos.
Nacha, después de preparar durante tres días veinte platillos diferentes, se encontraba
muerta de cansancio y no veía llegar la hora de meter el pastel al horno para por fin poderse
ir a descansar. Tita por esta vez no era muy buena ayudante que digamos. En ningún
momento se había quejado, tal vez porque la mirada escrutadora de su madre no se lo
permitía, pero en cuanto vio a Mamá Elena salir de la cocina para dirigirse a sus
habitaciones, lanzó un interminable suspiro. Nacha, a su lado, le quitó suavemente la pala
de las manos, la abrazó y dijo:
-Ya no hay nadie en la cocina mi niña, llora ahora, porque mañana no quiero que te vean
hacerlo. Mucho menos Rosaura.
Nacha suspendió la batida porque sentía que Tita estaba a punto de un colapso nervioso,
bueno, ella no lo conocía con ese nombre, pero con su inmensa sabiduría comprendía que
Tita no podía más. La verdad, ella tampoco. Rosaura y Nacha nunca se habían llevado bien.
A Nacha le molestaba mucho que desde niña Rosaura fuera melindrosa con la comida.
Siempre la dejaba intacta en el plato, o se la daba a escondidas al Tequila, el papá del Pulque
(el perro del rancho). Nacha le ponía de ejemplo a Tita que siempre comió muy bien y de todo.
Bueno, sólo había un alimento que no era del agrado de Tita, se trataba del huevo tibio que
Mamá Elena la obligaba a comer. De ahí en fuera, como Nacha se había encargado de su
educación culinaria, Tita no sólo comía lo acostumbrado, sino que comía, además, jumiles,
gusanos de maguey, acosiles, tepezcuintle, armadillo, etc., ante el horror de Rosaura. De ahí
nació la aversión de Nacha para con Rosaura y la rivalidad entre las dos hermanas, que
culminaba con esta boda en la que Rosaura se casaba con el hombre que Tita amaba. Lo que
Rosaura no sabia, aunque lo sospechaba, era que Pedro amaba a Tita con un amor
inconmensurable. Era de entender entonces que Nacha tomara partido por Tita y tratara por
todos los medios de evitarle sufrimientos. Nacha le secaba con su delantal las lágrimas que
rodaban por la cara de Tita y le decía:
-Ya mi niña, ya vamos a terminar.
Pero se tardaron más de lo acostumbrado pues la masa no podía espesar debido a las
lágrimas de Tita.
Y así, abrazadas, permanecieron llorando hasta que a Tita no le quedaron más lágrimas en
los ojos. Entonces lloró en seco y dicen que eso duele más, como el parto seco, pero al menos
no seguía mojando la masa del pastel, pudiendo continuar con el paso siguiente, que es del
relleno.
RELLENO
RELLENO:
150 gramos de pasta de chabacano
150 gramos de azúcar granulada
Manera de hacerse:
Se ponen los chabacanos al fuego con muy poca agua, se dejan hervir y se pasan por un
cedazo o tamiz; si no se tiene, se puede usar una vulgar coladera. Se pone esta pasta en una
cacerola, se le agrega el azúcar y se pone al fuego sin dejar de moverla hasta que toma punto
de mermelada. Se retira del fuego y se deja enfriar un poco antes de ponerla en la parte de en
medio del pastel, que por supuesto se ha partido con anterioridad.
Afortunadamente, un mes antes de la boda, Nacha y Tita habían preparado varios frascos
con conservas de chabacano, higo y camote con piña. Gracias a eso evitaron el trabajo de
preparar la mermelada ese mismo día.
Ellas estaban acostumbradas a preparar cantidades enormes de mermelada en un gran
cazo que se ponía en el patio, para aprovechar la fruta de la temporada. Lo colocaban encima
de una fogata y para menear la mermelada tenían que cubrirse los brazos con sábanas
viejas. Esto evitaba que un borbotón de la misma brincara y les quemara la piel.
En cuanto Tita abrió el frasco, el olor de los chabacanos la hizo remitirse a la tarde en que
prepararon la mermelada. Tita venía del huerto cargando la fruta sobre su falda pues había
olvidado la canasta. Trata recogida la falda cuando entró y cuál no sería su sorpresa al
toparse con Pedro en la cocina. Pedro se dirigía al patio trasero a preparar la carretela.
Tenían que ir al pueblo a entregar unas invitaciones y como el caballerango no se había
presentado ese día en el rancho, él mismo tenía que encargarse de esa labor. En cuanto
Nacha lo vio entrar a la cocina salió casi corriendo, pretextando ir por epazote para los
frijoles.