×

Wir verwenden Cookies, um LingQ zu verbessern. Mit dem Besuch der Seite erklärst du dich einverstanden mit unseren Cookie-Richtlinien.

Como Agua Para Chocolate, Como Agua Para Chocolate Ep 24 – Text to read

Como Agua Para Chocolate, Como Agua Para Chocolate Ep 24

Fortgeschritten 2 Spanisch lesson to practice reading

Beginne jetzt mit dieser Lektion

Como Agua Para Chocolate Ep 24

-Claro que también hay que poner mucho cuidado en ir encendiendo los cerillos uno a

uno. Porque si por una emoción muy fuerte se llegan a encender todos de un solo golpe

producen un resplandor tan fuerte que ilumina más allá de lo que podemos ver normalmente

y entonces ante nuestros ojos aparece un túnel esplendoroso que nos muestra el camino que

olvidamos al momento de nacer y que nos llama a reencontrar nuestro perdido origen divino.

El alma desea reintegrarse al lugar de donde proviene, dejando al cuerpo inerte... Desde que

mi abuela murió he tratado de demostrar científicamente esta teoría. Tal vez algún día lo

logre. ¿Usted qué opina?

El doctor Brown guardó silencio, para darle tiempo a Tita de comentar algo si así lo

deseaba. Pero su silencio era como de piedra.

-Bueno, no quiero aburrirla con mi plática. Vamos a descansar, pero antes de irnos

quisiera enseñarle un juego que mi abuela y yo practicábamos con frecuencia. Aquí

pasábamos la mayor parte del día y entre juegos me transmitió todos sus conocimientos.

»Ella era una mujer muy callada, así como usted. Se sentaba frente a esa estufa, con su

gran trenza cruzada sobre la cabeza; y solía adivinar lo que yo pensaba. Yo quería aprender a

hacerlo, así que después de mucho insistirle me dio la primera lección. Ella escribía

utilizando una sustancia invisible, y sin que yo la viera, una frase en la pared. Cuando por la

noche yo veía la pared, adivinaba lo que ella había escrito. ¿Quiere que hagamos la prueba?

Con esta información Tita se enteró de que la mujer con la que tantas veces había estado

era la difunta abuela de John. Ya no tenía que preguntarlo.

El doctor tomó con un lienzo un pedazo de fósforo y se lo dio a Tita.

-No quiero romper la ley del silencio que se ha impuesto, así que como un secreto entre los

dos, le voy a pedir que en cuanto yo salga usted me escriba en esta pared las razones por las

que no habla, ¿de acuerdo? Mañana yo las adivinaré ante usted.

El doctor, por supuesto, omitió decirle a Tita que una de las propiedades del fósforo era la

de hacer brillar por la noche lo que ella hubiera escrito en la pared. Obviamente, él no

necesitaba de este subterfugio para conocer lo que ella pensaba, pero confiaba en que éste

sería un buen comienzo para que Tita entablara nuevamente una comunicación consciente

con el mundo, aunque ésta fuera por escrito. John percibía que ya estaba lista para ello. En

cuanto el doctor salió, Tita tomó el fósforo y se acercó al muro.

En la noche, cuando John Brown entró al laboratorio, sonrió complacido al ver escrito en

la pared con letras firmes y fosforescentes. «Porque no quiero.» Tita con estas tres palabras

había dado el primer paso hacia la libertad.

Mientras tanto, Tita, con los ojos fijos en el techo, no podía dejar de pensar en las palabras

de John: ¿sería posible hacer vibrar su alma nuevamente? Deseó con todo su ser que así

fuera.

Tenía que encontrar a alguien que lograra encenderle este anhelo.

¿Y si esa persona fuera John? Recordaba la placentera sensación que le recorrió el cuerpo

cuando él la tomó de la mano en el laboratorio. No. No lo sabía. De lo único que estaba

convencida es de que no quería volver al rancho. No quería vivir cerca de Mamá Elena nunca

más.

Continuará...

Siguiente receta:

Caldo de colita de res

Caldo de colita de res

VII. Julio

INGREDIENTES:

2 colitas de res

1 cebolla

2 dientes de ajo

4 jitomates

de kilo de ejotes

2 papas

4 chiles moritas

Manera de hacerse:

Las colitas partidas se ponen a cocer con un trozo de cebolla, un diente de ajo, sal y

pimienta al gusto. Es conveniente poner un poco más de agua de la que normalmente se

utiliza para un cocido, teniendo en cuenta que vamos a preparar un caldo. Y un buen caldo

que se respete tiene que ser caldoso, sin caer en lo aguado.

Los caldos pueden curar cualquier enfermedad física o mental, bueno, al menos ésa era la

creencia de Chencha y Tita, que por mucho tiempo no le había dado el crédito suficiente.

Ahora no podía menos que aceptarla como cierta.

Hacía tres meses, al probar una cucharada del caldo que Chencha le preparó y le llevó a la

casa del doctor John Brown, Tita había recobrado toda su cordura.

Estaba recargada en el cristal, viendo a través de la ventana a Alex, el hijo de John, en el

patio, corriendo tras unas palomas.

Escuchó los pasos de John subiendo las escaleras, esperaba con ansia su acostumbrada

visita. Las palabras de John eran su único enlace con el mundo. Si pudiera hablar y decirle

lo importante que era para ella su presencia y su plática. Si pudiera bajar y besar a Alex

como al hijo que no tenía y jugar con él hasta el cansancio, si pudiera recordar como cocinar

tan siquiera un par de huevos, si pudiera gozar de un platillo cualquiera que fuera, si

pudiera... volver a la vida. Un olor que percibió la sacudió. Era un olor ajeno a esta casa.

John abrió la puerta y apareció ¡con una charola en las manos y un plato con caldo de colita

de res!

¡Un caldo de colita de res! No podía creerlo. Tras John entró Chencha bañada en lágrimas.

El abrazo que se dieron fue breve, para evitar que el caldo se enfriara. Cuando dio el primer

sorbo, Nacha llegó a su lado y le acarició la cabeza mientras comía, como lo hacía cuando de

niña ella se enfermaba y la besó repetidamente en la frente. Ahí estaban, junto a Nacha, los

juegos de su infancia en la cocina, las salidas al mercado, las tortillas recién cocidas, los

huesitos de chabacano de colores, las tortas de Navidad, su casa, el olor a leche hervida, a

pan de natas, a champurrado, a comino, a ajo, a cebolla. Y como toda la vida, al sentir el olor

que despedía la cebolla, las lágrimas hicieron su aparición. Lloró como no lo hacía desde el

día en que nació. Qué bien le hizo platicar largo rato con Nacha. Igual que en los viejos

tiempos, cuando Nacha aún vivía y juntas habían preparado infinidad de veces caldo de

colita. Rieron al revivir esos momentos y lloraron al recordar los pasos a seguir en la

preparación de esta receta. Por fin había logrado recordar una receta, al rememorar como

primer paso, la picada de la cebolla.

La cebolla y el ajo se pican finamente y se ponen a freír en un poco de aceite; una vez que

se acitronan se les incorporan las papas, los ejotes y el jitomate picado hasta que se sazonen.

John interrumpió estos recuerdos al entrar bruscamente en el cuarto, alarmado por el

riachuelo que corría escaleras abajo.

Learn languages from TV shows, movies, news, articles and more! Try LingQ for FREE