Como Agua Para Chocolate Ep 13
Desde ese día las codornices en
pétalos de rosas se convirtieron en un mudo recuerdo de esta experiencia fascinante.
Tita lo preparaba cada año como ofrenda a la libertad que su hermana había alcanzado y
ponía especial esmero en el decorado de las codornices.
Éstas se ponen en un platón, se les vacía la salsa encima y se decoran con una rosa
completa en el centro y pétalos a los lados, o se pueden servir de una vez en un plato
individual en lugar de utilizar el platón. Tita así lo prefería, pues de esta manera no corría el
riesgo de que a la hora de servir la codorniz se perdiera el equilibrio del decorado.
Precisamente así lo especificó en el libro de cocina que empezó a escribir esa misma noche,
después de tejer un buen tramo de su colcha, como diariamente lo hacía. Mientras la tejía,
en su cabeza daban vueltas y vueltas las imágenes de Gertrudis corriendo por el campo junto
con otras que ella imaginaba sobre lo que habría pasado más tarde, cuando se le perdió de
vista su hermana. Claro que su imaginación era en este aspecto bastante limitada, por su
falta de experiencia.
Tenia curiosidad de saber si ya tendría algo de ropa encima, o si seguiría así de...
¡desabrigada! Le preocupaba que pudiera sentir frío, al igual que ella, pero llegó a la
conclusión de que no. Lo más probable era que estaría cerca del fuego, en los brazos de su
hombre y eso definitivamente debería dar calor.
De pronto una idea que cruzó por su mente la hizo levantarse a mirar al cielo estrellado.
Ella conocía, pues lo había sentido en carne propia, lo poderoso que puede ser el fuego de
una mirada.
Es capaz de encender al mismo Sol. Tomando esto en consideración, ¿qué pasaría si
Gertrudis miraba una estrella? De seguro que el calor de su cuerpo, inflamado por el amor,
viajaría con la mirada a través del espacio infinito sin perder su energía, hasta depositarse en
el lucero de su atención. Estos grandes astros han sobrevivido millones de años gracias a
que se cuidan de no absorber los rayos ardientes que los amantes de todo el mundo les
lanzan noche tras noche. De hacerlo, se generaría tanto calor en su interior que estallarían
en mil pedazos. Por lo que al recibir una mirada, la rechazan de inmediato, reflejándola hacia
la Tierra como en un juego de espejos. Es por eso que brillan tanto en las noches.
Y es por eso que a Tita le entró la esperanza de que si ella pudiera descubrir entre todas
las estrellas del firmamento cuál era la que su hermana veía en ese momento, recibiría por
reflejo un poco del calor que a ella le sobraba.
Bueno, ésa era su ilusión, pero por más que observó una a una todas las estrellas del cielo
no sintió absolutamente nada de calor, sino más bien todo lo contrario. Estremecida regresó
a su cama plenamente convencida de que Gertrudis dormía plácidamente con los ojos bien
cerrados y que por eso no funcionó el experimento. Se cubrió entonces con su colcha, que ya
para entonces se doblaba en tres, revisó la receta que había escrito para ver si no se le
olvidaba apuntar algo y añadió: «Hoy que comimos este platillo, huyó de la casa Gertrudis...».
Continuará...
Siguiente receta:
Mole de guajolote con almendra y ajonjolí
Mole de guajolote con almendra y ajonjolí
IV. Abril
INGREDIENTES:
de chile mulato
3 chiles pasilla
3 chiles anchos
Un puño de almendras
Un puño de ajonjolí
Caldo de guajolote
Un bizcocho (1/3 de concha)
Cacahuates
cebolla Vino
2 tablillas de chocolate
anís
manteca
clavo
canela
pimienta
azúcar
semilla de los chiles
5 dientes de ajo
Manera de hacerse:
Después de dos días de matado el guajolote, se limpia y se pone a cocer con sal. La carne
de los guajolotes es sabrosa y aun exquisita si se ha cebado cuidadosamente. Esto se logra
teniendo a las aves en corrales limpios, con grano y agua en abundancia.
Quince días antes de matar a los guajolotes, se les empieza a alimentar con nueces
pequeñas. Comenzando el primer día con una, al siguiente se les echan en el pico dos y así
sucesivamente se les va aumentando la ración, hasta la víspera de matarse, sin importar el
maíz que coman voluntariamente en ese tiempo.
Tita tuvo mucho cuidado en cebar a los guajolotes apropiadamente, pues le interesaba
mucho quedar bien en la fiesta tan importante a celebrarse en el rancho: el bautizo de su
sobrino, el primer hijo de Pedro y Rosaura. Este acontecimiento ameritaba una gran comida
con mole. Para la ocasión se había mandado hacer una vajilla de barro especial con el
nombre de Roberto, que así se llamaba el agraciado bebé, quien no paraba de recibir las
atenciones y los regalos de familiares y amigos. En especial de parte de Tita, quien en contra
de lo que se esperaba, sentía un inmenso cariño por este niño, olvidando por completo que
era el resultado del matrimonio de su hermana con Pedro, el amor de su vida.
Con verdadero entusiasmo se dispuso a preparar con un día de anterioridad el mole para
el bautizo. Pedro la escuchaba desde la sala experimentando una nueva sensación para él. El
sonido de las ollas al chocar unas contra otras, el olor de las almendras dorándose en el
comal, la melodiosa voz de Tita, que cantaba mientras cocinaba, habían despertado su
instinto sexual. Y así como los amantes saben que se aproxima el momento de una relación
íntima, ante la cercanía, el olor del ser amado, o las caricias recíprocas en un previo juego
amoroso, así estos sonidos y olores, sobre todo el del ajonjolí dorado, le anunciaban a Pedro
la proximidad de un verdadero placer culinario.
Las almendras y el ajonjolí se tuestan en comal. Los chiles anchos, desvenados, también
se tuestan, pero no mucho para que no se amarguen. Esto se tiene que hacer en una sartén
aparte, pues se les pone un poco de manteca para hacerlo. Después se muelen en metate
junto con las almendras y el ajonjolí.
Tita, de rodillas, inclinada sobre el metate, se movía rítmica y cadenciosamente mientras
molía las almendras y el ajonjolí.