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CuriosaMente - Videos Interessantes, ¿Te ama tu mascota? – Text to read

CuriosaMente - Videos Interessantes, ¿Te ama tu mascota?

Mittelstufe 2 Spanisch lesson to practice reading

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¿Te ama tu mascota?

El tratar a las mascotas como si fueran hijos es cada vez más popular. No sólo alimentarlos

y velar por su salud, sino también comprarles accesorios y hasta hacerles fiestas de cumpleaños.

Son tan nobles que se ganan nuestro cariño, pero, así como amas a tu mascota...

¿Tu mascota también te ama?

Este video es presentado por Platzi la plataforma online que te enseña todas las habilidades

para triunfar en la nueva economía digital. Nunca pares de aprender.

Ya sabemos que tanto los gatos como los perros tienen cualidades neoténicas: rasgos que

los hacen ser como versiones infantiles de sus parientes salvajes: son más sociables

más cariñosos. O por lo menos, como en el caso de los conejos, los cobayos y algunos pájaros, los hacen

parecer así: más tiernos y abrazables... y nos dan ganas de protegerlos y cuidarlos.

Entonces ¿es que los animales sólo nos manipulan con esa apariencia, o en realidad sienten

algo por nosotros, semejante a lo que sentimos por ellos?

Se sabe que algunos insectos, como las abejas, pueden distinguir rostros humanos. ¡Cuidado con maltratarlas!

Y la mosca de la fruta responde a estímulos que la pueden hacer más agresiva.

Pero sus cerebros son tan simples y tan diferentes

a los nuestros, que es improbable que sientan de manera semejante a los humanos.

Los peces dan señales de un comportamiento un poco más complejo. Un pez, llamado cíclido

convicto, es conocido por ser monógamo. Un estudio mostró que, cuando se separaba a

una pareja, la pececita que se quedaba sola mostraba un comportamiento más pesimista:

estaba menos dispuesta a buscar comida o a reproducirse con otros peces. No es seguro si esto es

una señal de que el pez “siente algo” o simplemente cambió su conducta mecánicamente.

Dueños de peces reportan que sus mascotas

se “ponen contentas” cuando los ven llegar a casa. Esto podría ser un condicionamiento:

relacionan ciertas imágenes y sonidos (como abrir la puerta) con el alimento que están

a punto de recibir. Sin embargo, un estudio mostró que el pez arquero era capaz de distinguir

rostros humanos: lo entrenaron para que escupiera sólo cuando veía la cara de ciertos individuos y no la de otros.

Esto parece indicar que podrían ser capaces de formar vínculos con algunas personas.

Pero los peces tienen estructuras cerebrales relativamente simples que carecen de neocórtex,

y los científicos aún no están de acuerdo de si el comportamiento que muestran es señal de estados emocionales.

Los pájaros tampoco tienen neocórtex, pero tienen más neuronas por centímetro cúbico que los humanos.

Los cuervos pueden reconocer y amenazar a personas que los han atacado en el pasado.

Se ha reportado incluso que las urracas hacen pequeñas ceremonias funerales a sus compañeros caídos.

Los periquitos australianos forman parejas de toda la vida, a veces con compañeros del mismo sexo.

Se ha demostrado que imitan sus cantos o parloteos para formar lazos sociales con los de su parvada.

Y se sabe que los loros en general, en ausencia de otros pájaros, pueden formar ese vínculo

con seres humanos: acicalando su pelo, o compartiendo comida, dando besos “de piquito”... y al

parecer también aprendiendo a imitar los sonidos de las personas.

Claro que esto puede ser evidencia sólo de que hacen lo que les conviene y no de “amor”

como lo entendemos los humanos. Los pericos pueden demostrar esa adaptación hacia cualquier

persona que los cuide, aunque ésta cambie… ¿Se trata de amor? Por lo menos podemos decir

que hay apego y cierto gusto de estar junto a tí.

Si consideramos que para sentir amor es necesaria la empatía, es decir, la capacidad de compartir

los sentimientos de alguien más, reconociéndolos como similares a los nuestros, y por lo tanto

desear el bien del otro, sabemos que los insectos y reptiles no la tienen, y no queda claro

si peces y aves tienen esta capacidad. Con los mamíferos ya no tenemos duda.

Aunque es imposible saber exactamente qué siente un animal –o una persona, para el caso–,

sí podemos observar tanto los cerebros como la conducta de los animales. Los cerebros

de los mamíferos tienen varias estructuras complejas relacionadas con la empatía: como

el giro supramarginal o el córtex del cíngulo anterior, por ejemplo. Si una rata ha sufrido

una descarga eléctrica y ve que otra rata la sufre lo mismo ¡también se paraliza por

un momento! Lo que no sucede si la rata tiene inhibida esa área del cerebro. Muchos experimentos

con roedores han mostrado que les afecta ver a un compañero sufriendo. ¿Y qué hay de los perros y gatos?

A los perros cuando son acariciados, les baja la presión arterial y les suben los niveles de oxitocina,

la llamada “hormona del amor”, que fortalece los vínculos, y lo mismo les pasa a los humanos cuando acarician un perro.

También les pasa a los gatos, pero a ellos sólo les aumenta la concentración de esta

molécula en una quinta parte que a los perros. Es evidente que los perros se emocionan cuando

llega su humano favorito: mueven la cola en señal de alegría y, si te tienen mucha confianza,

se ponen “panza arriba” para que los acaricies. Y todo indica que no es sólo porque eres

su fuente de alimento: de verdad crean un lazo contigo. Incluso el bostezo perruno es

señal de que empatiza contigo. Pareciera que los gatos no muestran tanto

afecto, pero sus expresiones son más sutiles. Mientras que los perros actúan diferente

ante los humanos que ante otros perros, los gatos nos tratan como a uno de los suyos.

El ronroneo que hacen cuando los acaricias muestra relajación y placer. Si se te queda

viendo y parpadea lentamente, es una señal de que confía en tí. ¡Prueba responderle el saludo!

Cuando el minino pega su cabeza contigo o se frota, está mezclando su aroma

con el tuyo, como diciendo “eres de los míos”. Los gatos no sólo se estresan cuando

faltas: se tiene registro de gatos que defienden a sus dueños.

Aunque no podemos probar a ciencia cierta qué sienten los animales, sabemos que compartimos

con muchos de ellos los circuitos básicos del amor y probablemente lo que nosotros experimentamos

es simplemente una versión más complicada de las emociones que ellos sienten.

Ponerles un gorrito de fiesta o vestirlos de princesas no creas que les es particularmente agradable.

Lo que ellos disfrutan es tu compañía, jugar contigo y tus caricias. ¡Curiosamente!

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