¿Qué causa los terremotos?
Estudio haini y traimelo.mx presentan...
¿Por qué hay terremotos?
En el folklore japonés, el dios Kashima tenía atrapado Namazu, un enorme pez gato, bajo
una roca.
Pero si se descuidaba, Namazu se zangoloteaba tanto que sacudía a todo Japón.
Para los antiguos hindúes, cuando uno de los ocho elefantes que sostenía Tierra se
cansaba y agitaba la cabeza, hacía temblar el mundo.
De acuerdo con Aristóteles, los terremotos eran causados por el aire que fluía por profundas
cámaras subterráneas y Tales de Mileto consideró que la Tierra flotaba sobre agua y que los
terremotos eran como el bamboleo de un barco sobre las olas.
Pero, realmente ¿qué causa los terremotos?
Algunos son causados por actividad volcánica, por el fracking o hasta por explosiones, pero
la mayoría no.
Si hacemos un mapa donde mostremos dónde han ocurrido los terremotos durante unos 50
años, quizá obtengamos una pista.
¿notas un patrón?
Allá por el siglo XVI el cartógrafo flamenco Abraham Orthelius, viendo los mapas que hacía,
se dio cuenta de que los continentes encajaban, como en un rompecabezas e imaginó que quizá
en un pasado remoto, estuvieron unidos, lo que significaba que quizá se seguían moviendo
en una especie de “deriva continental”, teoría que en 1912 propuso el alemán Alfred
Wegener y que se confirmó gracias a los mapas del fondo marino de la geóloga norteamericana
Marie Tharp.
Sucede que la capa más externa de la Tierra, la litósfera, que es sólida y fría, descansa
sobre otra capa, más caliente y fluida: la atenósfera (Tales de Mileto no estaba tan
equivocado ¿eh?).
La litósfera no es una única capa sólida, sino que está dividida en placas, llamadas
tectónicas.
Las divisiones entre ellas se llaman “límites de placas”.
Las corrientes de convección de calor dentro de la atenósfera provocan que las placas
tectónicas se muevan desde uno hasta 16 centímetros cada año, unas separándose y otras apretándose.
Los límites de capa que se separan se llaman “divergentes”.
Las grietas se rellenan con material que viene desde el manto.
También pueden deslizarse de manera paralela.
Estas fallas se llaman “transformantes”.
Debido a que hay una fuerte presión y fricción, el movimiento no es suave, sino que se va
acumulando energía hasta que esta se libera de manera repentina.
Pero si el borde es convergente, o sea que las placas chocan, una de ellas se hunde debajo
de la otra ocasionando actividad volcánica y megaterremotos,de magnitud mayor a 8.1 en
la escala Richter.
Este tipo de movimiento es el responsable de la formación de cordilleras montañosas.
El punto subterráneo donde se inicia un terremoto se llama “hipocentro”, y el punto en la
superficie directamente encima de él, “epicentro”.
Un terremoto causa tres tipos de ondas: Las primeras en generarse son ondas de presión,
similares a las del sonido.
Viajan rápido y no son destructivas.
Luego vienen las ondas secundarias, cuyo movimiento es perpendicular a la dirección de propagación
y sólo pueden viajar en sólidos.
Por último llegan las más lentas, las ondas superficiales, que son las más destructivas
porque levantan el suelo.
Aunque no se puede predecir ni el día ni el mes que ocurrirá un terremoto, un sistema
de advertencia sísmica puede detectarlo una vez que inicia percibiendo las ondas de presión.
Dependiendo de tu distancia del epicentro, eso te puede dar valiosos segundos o hasta
minutos de ventaja antes de que la tierra tiemble bajo tus pies.
Ese conocimiento se lo debemos a muchos sismólogos, como el japonés Hiroo Kanamori o la danesa
Inge Lehmann, quien demostró que la tierra tiene un núcleo sólido.
En los años 30 el sismólogo Charles Richter desarrolló una escala para medir la magnitud
de los terremotos.
Es una escala logarítmica: cada grado representa un temblor que libera 10 veces más energía
que el grado anterior.
Para los Mayas de Perú, los terremotos eran causados por los pasos de un dios invisible
que andaba por la Tierra contando a su gente.
Por eso había que salir de la casa gritando “¡Aquí estoy, aquí estoy!.
Así, el dios terminaba de contar más rápido.
Una acción muy prudente, porque también evitaban que la casa les cayera encima ¡Curiosamente!