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CuriosaMente - Videos Interessantes, 😡 ¿Por qué nos enojamos?

😡 ¿Por qué nos enojamos?

(CADA VEZ MÁS ENOJADO) ¡De seguro ese carro va lento a propósito, ya sabe que voy tarde!

¡Se está burlando de mí! ¡Ash! ¡Parece que hoy nadie sabe manejar! ¡Todos están

en mi contra! ¡ARRRGGH! (SUSPIRO RESIGNADO) (TRANQUILO) ¿Tu súper poder es siempre estar

enojado? ¡Pareciera una emoción muy negativa! Si fuera así, entonces...

¿Por qué nos enojamos? Como seres humanos podemos tener emociones

bastante complejas: la nostalgia, el desprecio, o la vergüenza, por ejemplo. Esos son estados

emocionales que construimos conforme nos desarrollamos: ni los niños pequeños ni los animales las

tienen. Pero en el siglo XX, el psicólogo identificó seis emociones básicas, que comparten

tanto los animales como los humanos chicos y grandes: disgusto, miedo, alegría, tristeza,

sorpresa… y enojo. Una emoción compleja como el desprecio sería una mezcla de emociones

básicas como el enojo y disgusto, por ejemplo. ¿Y qué provoca el enojo?

El enojo es una respuesta a lo que percibimos como una amenaza o un daño: es la manera

que tenemos prácticamente todos los vertebrados de preservar nuestra existencia y la de los

que consideramos “los nuestros”. Como humanos, muchas cosas nos pueden irritar.

Si las cosas no salen de la manera que queremos o nos sentimos impotentes ante una situación,

es normal y sano que nos enojemos. Aunque muchas veces nos molestamos por nimiedades:

como cuando el de adelante camina muy despacio o el de enfrente hace ruido al masticar. La

realidad es que, cuando nos enojamos por cosas irrelevantes, es porque ya estábamos en un

estado de estrés o enfado: estar cansado, tener hambre o incluso situaciones estresantes

como ir tarde, nos hacen más propensos a ponernos furiosos. Y lo malo es que muchas

veces enojarnos no ayuda de nada ¡Sino que empeora las cosas! Incluso afecta tu salud:

estudios han demostrado que las personas “corajudas” son más propensas a sufrir enfermedades cardiacas

como presión arterial alta y ataques al corazón. ¡No vale la pena poner nuestra salud en riesgo

por cosas irrelevantes y que fácilmente se podrían solucionar, o dejar pasar!

Cuando nos enojamos, la amígdala, que es la encargada de procesar nuestras emociones

y comportamiento y que está en esa parte profunda del cerebro que compartimos con los

reptiles, toma el control. Libera adrenalina y norepinefrina y nos pone en un estado de

alerta. Los músculos se tensan, el ritmo cardiaco y la presión sanguínea aumentan,

los sentidos se agudizan y nos sentimos con mucha energía. Básicamente tu cuerpo te

prepara para pelear o huir. Esta respuesta instintiva es muy útil para solucionar los

problemas de muchos animales y nos ayudó a sobrevivir hasta hoy en día. Se puede decir

que el enojo es bueno cuando nuestra vida o nuestra dignidad está en juego.

Pero actualmente ya no podemos ni es saludable solucionar todos los conflictos como lo hicieron

nuestros antepasados feroces. Hemos desarrollado una corteza prefrontal que nos permite controlarnos

y medir las consecuencias de nuestros actos. El psiquiatra Robert Skynner dice que, de

los mecanismos de defensa que tenemos para escoger ante situaciones frustrantes, enojarse

y hacer berrinche es de los más infantiles y primitivos. Claro: uno podría decir que

no es que nos guste enojarnos, sino que nos hacen enojar. Bueno, no podemos controlar

todo lo que ocurre a nuestro alrededor, pero sí podemos controlar cómo reaccionamos a

eso. Bueno, casi siempre. Existen trastornos que hacen que una persona no sea capaz de

controlar sus comportamientos agresivos, violentos y de enojo. Algunos son más comunes de lo

que se pensaba. Por ejemplo, según un estudio de la Universidad de Harvard, el trastorno

explosivo intermitente afecta a uno de cada catorce adultos.

Y bueno, aunque no padezcamos algún trastorno, tooodos hacemos corajes, pero la diferencia

está en cómo manejamos nuestra furia. La forma en la que aprendemos a lidiar con la

ira suele verse afectada por nuestra crianza o por situaciones traumáticas como abuso

o acoso. Skynner propone que mecanismos de defensa más sanos que el enojo pueden ser,

por ejemplo, postergar nuestra reacción para actuar más tarde de manera más constructiva.

O a veces sublimar la emoción ayuda: expresarla a través del arte, como la música o la escritura.

Dice que uno de los mecanismos más saludables es el humor: aprender a reírnos de las situaciones

¡y de nosotros mismos! Si crees que tu enojo afecta tu calidad de

vida o la de tus allegados, intenta identificar qué son las cosas que te ponen furibundo

y los pensamientos que llegan a tu cabeza. Es importante que también reconozcas cuando

te estás enojando. Tu cuerpo es un buen indicador; tu corazón empieza a latir más rápido,

tu respiración es entrecortada, te pones tenso, comienzas a mover tus pies o a apretar

la mandíbula o los puños, hasta puedes sentir que tu cara se enrojece. Si sientes que te

estás enojando tómate un tiempo, aléjate de la situación y vuelve más tarde a resolver

el problema con la cabeza despejada. Y si te sucede con frecuencia o sientes que te

pasas de la raya, busca ayuda profesional. Estas son algunas señales de alarma a tomar

en cuenta para identificar un problema de ira: tener un comportamiento destructivo hacia

los demás o hacia ti; tener impactos negativos en tu salud mental y física; conductas pasivo

agresivas e inhabilidad para sentir otras emociones. Por cierto: en nuestras culturas,

el enojo se ve como una emoción muy masculina y los hombres, con pocas herramientas para

manejar emociones complejas, solemos recurrir a la agresión para solucionar situaciones

que nos percibimos incapaces de arreglar de maneras más productivas ¡A veces con resultados

muy destructivos! El enojo no es una emoción mala. Nos ayuda

a identificar amenazas e injusticias como el maltrato, abuso o la discriminación y

nos da la energía para defendernos y seguir adelante con nuestra vida. Un estudio realizado

por Aaron Sell mostró que individuos que eran más capaces de enojarse, solían salir

más triunfantes en conflictos e incluso parecían más atractivos al sexo opuesto. Aristoteles

sostenía que enojarse era fácil: lo difícil es saber con quién, en qué momento, con

qué intensidad o incluso si existe realmente un motivo para enojarse. Como lo expresa el

psicólogo Ryan Martin: “No apagues tu enojo, canaliza tu furia para actuar ante la injusticia.

Úsala de manera inteligente para defenderte a tí y a los tuyos, para protestar, expresarte

y perseguir metas importantes.” ¡Curiosamente! El tema de este video fue elegido por quienes

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