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Sherlock Holmes - Un escándalo en Bohemia, Un escándalo en … – Text to read

Sherlock Holmes - Un escándalo en Bohemia, Un escándalo en Bohemia - 02

Fortgeschritten 1 Spanisch lesson to practice reading

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Un escándalo en Bohemia - 02

Holmes se sonrió a sí mismo y se restregó sus largas y nerviosas manos.

—Es lo más sencillo—dijo;—mis ojos me dicen que en la parte interior del zapato izquierdo de usted, allí donde da la luz del fuego, el cuero está señalado por seis cortes casi paralelos. Evidentemente éstos han sido hechos por alguien que ha raspado negligentemente los bordes de la suela para sacarles el barro endurecido. De allí nace, ya lo ve usted, mi doble deducción de que ha estado usted afuera en mal tiempo, y que tiene usted una limpiabotas de las más malas que existen en la servidumbre de Londres. En cuanto a la vuelta de usted al ejercicio de su profesión, si un caballero entra en mi cuarto exhalando olor de iodoformo, con una mancha negra de nitrato de plata en el dedo índice de su mano derecha, y en un lado de su sombrero de copa una joroba que indica donde ha escondido su estetoscopio, yo sería muy bobo si no lo calificara de miembro activo de la profesión médica.

No pude dejar de reírme de la soltura con que Holmes explicaba su proceso de deducción.

—Cuando le oigo a usted exponer razones—observé,—la cosa de que se trata me parece siempre tan ridículamente sencilla, que fácilmente podría hacerla yo mismo, a pesar de que en cada sucesivo ejemplo del razonar de usted me encuentro a obscuras hasta que usted me explica su procedimiento. Y, con todo, creo que mis ojos son tan buenos como los de usted.

—Seguramente—me contestó, encendiendo un cigarrillo y dejándose caer en un sillón;—pero usted ve y no observa: la diferencia está clara. Por ejemplo, usted ha visto a menudo los escalones que conducen del vestíbulo a este cuarto.

—Con mucha frecuencia.

—¿Cuántas veces?

—¡Oh! Centenares de veces.

—Entonces, ¿cuántos son?

—¡Cuántos son! No sé.

—Ya ve usted: no ha observado usted, a pesar de haber visto. Esa es precisamente mi ventaja. Yo sé que son diecisiete escalones, porque los he visto y observado. Apropósito: puesto que se interesa usted por estos pequeños problemas y es usted tan amable para conmigo que ha escrito el relato de uno o dos de mis insignificantes experimentos, quizá se interese usted también en esto.—Y alcanzándome una hoja de grueso papel de color rojizo que había estado en la mesa—ha venido por el último correo—agregó—léalo usted en voz alta.

La carta no tenía fecha, ni firma, ni dirección.

«Esta noche—decía,—a las ocho menos cuarto, irá a ver a usted un caballero que desea consultarle acerca de un asunto de la mayor importancia. Los servicios que ha prestado usted recientemente a una de las casas reales de Europa, han mostrado que es usted una de esas personas a quienes se puede confiar sin recelo asuntos de una importancia que no podría ser suficientemente exagerada. Estas informaciones acerca de usted, hemos de todas partes recibido. Esté usted, pues, en su cuarto a esa hora, y no se resienta usted si su visitante se presenta enmascarado,»

—Este es, ciertamente, un misterio—dije yo.—¿Qué se imagina usted que puede ser?

—Todavía no tengo datos. Es un error capital el teorizar antes de tener datos. Insensiblemente, empieza uno a crear hechos que se ajustan a tales y cuales teorías, en vez de aplicar las teorías a los hechos. Pero hablemos de la carta misma. ¿Qué deduce usted de ella?

Examiné cuidadosamente la letra y el papel.

—Es de presumir que el hombre que ha escrito esto, goza de una posición desahogada—observé, tratando de imitar los procedimientos de mi compañero.—Semejante papel no puedo comprarse a media corona el paquete. Es peculiarmente fuerte y tupido.

—Peculiar… esa es exactamente la palabra—dijo Holmes. No es papel inglés, seguro. Póngalo usted contra la luz.

Hice lo que me decía, y vi una E grande con una pequeña g, una P, y una G grande con una pequeña t entrelazadas, en el tejido del papel.

—¿Qué cree usted que es eso? me preguntó Holmes.

—El nombre del fabricante, sin duda; o, mejor dicho, su monograma.

—Nada de eso. La G con la pequeña t significan «Gesellschaft», que es la traducción de la palabra «Compañía» en alemán: se acostumbra abreviarla así como en inglés se emplea la abreviatura «C°». P, por supuesto, quiere decir «papel». Ahora veamos la Eg. Miremos la Guía Continental.—Y tomó de su estante un pesado volumen color café.—Eglow, Eglonitz… ya llegamos; Egria. Está en país de lengua alemana, en Bohemia, no lejos de Carlsbad. «Notable por haber ocurrido allí la muerte de Wallenstein, por sus numerosas fábricas de vidrio y de papel». Ja, ja, amiguito, ¿qué dice usted de eso?

Los ojos le brillaban, y exhaló de su cigarrillo una gran nube triunfante.

—El papel ha sido hecho en Bohemia—contesté.

—Precisamente. Y el hombre que ha escrito la carta es alemán. ¿Nota usted la peculiar contracción de la frase: «Estas informaciones de usted hemos de todas partes recibido.» Un francés ó un ruso no podrían haber escrito eso: sólo un alemán es tan descortés para con sus verbos. Sólo falta, por consiguiente, descubrir lo que desea este alemán que escribe en papel bohemio y prefiere venir enmascarado a enseñar la cara. Y aquí viene, si no me engaño, a resolver todas nuestras dudas.

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