INFIERNO
No mames.
-¿Dónde estoy? ¿Qué es este lugar? -¡El Infierno!
Bienvenido a la eternidad.
Fuera de mamadas, soy Satanás, mucho gusto.
-¿Me morí? -Sí.
Pinches hospitales públicos.
-¿Cuál es tu nombre? -Alonso Méndez.
Martínez, Méndez.
Méndez, aquí estás, Alonso Méndez.
Usaste el nombre de Dios en vano, dijiste unas cuantas mentiritas,
le pusiste el cuerno a tu mujer con tu cuñada...
¡Pillín, eres un diablillo!
-Fue una sola vez, sin querer. -Silencio.
Tu castigo será el fuego más caliente del Infierno. Violeta.
-Corazón, hazle una mamada. -¿Cómo?
Violeta te llevará a la flama...
-A la flama eterna. -¿Mientras me la chupa?
Así es, sin condón y por toda la eternidad.
Nos, pues, vamos.
Ah, no es suficiente para ti, mortal.
-Esmeralda. -Y ella, ¿qué me va a hacer?
Te va a acompañar a los rincones más oscuros del Infierno,
mientras frota sus senos en tu cara.
No, por favor, no me hagan eso...
Bueno, los dejo, chicas, ahí se encargan.
-No, espere, sr. Satanás. -¿Qué pasó, mi rey?
Hice cosas horribles. Una vez, en la oficina,
me robaba las plumas del trabajo y no daba paso a los peatones.
-Eso no viene aquí. -Sígale.
Además, usaba arpón nada más por el afán de matar tortugas.
Ah, ya la cagaste, mortal, eres un pendejo.
-Chicas, por favor, suéltenlo. -¿Cómo? Espera, Esmeralda.
Acabas de confesar tus pecados, por lo tanto, purificaste tu alma,
por lo tanto, te vas a la verga, o al Cielo, que es peor,
a leer la Biblia, a rezar y a coger con sacerdotes,
de misionero, para verlos a los ojos.
No, espera, no. ¡No!
¿Sabes qué? Me gustan los sacerdotes, la voy a pasar bien allá.
-¿Dónde estoy? -Bienvenido al Cielo.
Déjame adivinar: Quisiste una tercera chava, ¿verdad?
Sí. Esto está horrible.
No, espérate. Todo el día, suena "Color Esperanza" a todo volumen.
¿De Diego Torres?
¡No!
-Está allá. -¡No!