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Stories, Simple Spanish Story for Beginners: "The Owner of the Light"

Simple Spanish Story for Beginners: "The Owner of the Light"

Sabías que hace muchos años no existían ni el día ni la noche? Todo era oscuridad. Fue una muchacha de la etnia warao quien conoció al dueño de la luz y la compartió con el resto del mundo.

La cosmovisión de los diferentes pueblos de América Latina es muy rica. Hoy te voy a contar una leyenda de la etnia indígena warao que narra cómo surgieron el día y la noche. Los waraos viven en el delta del río Orinoco. Hoy en día esta tierra forma parte de Venezuela. Pero los waraos habitan el norte de América del Sur desde hace más de 8.000 años. Es un pueblo que construye sus casas a orillas de los ríos. En Venezuela. Llamamos esas casas palafitos. Muchas de las historias leyendas y creencias de los waraos pasan de generación en generación de forma oral. Una de esas leyendas es "El Dueño de la Luz," la historia que te voy a contar hoy.

Al principio del mundo solo había oscuridad. Los waraos buscaban el fruto de la palma del moriche y preparaban su alimento principal, la yuruma, en medio de las tinieblas. Solo tenían un poco de luz cuando quemaban madera seca. En esa época, no existían ni el día ni la noche vivían en la noche eterna.

Un hombre warao se enteró que había un joven que era el dueño de la luz. Este hombre warao tenía dos hijas y le dijo a su hija mayor: "Ve a donde está el dueño de la luz y me la traes." La hija mayor agarró su mapire, que es un cesto y partió.

Se encontró con varios caminos agarró uno de ellos y llegó a la casa del venado. Conoció al venado y se entretuvo jugando con él. Luego, regresó a su casa, pero no llevaba la luz. Entonces el hombre le dijo a su hija menor: "Ve dónde está el joven dueño de la luz y me la traes."

La hija menor también se encontró con varios caminos, pero por suerte tomó el correcto. Después de mucho andar, llegó a la casa del joven dueño de la luz. La muchacha encontró al joven y le dijo: "Vengo a conocerte a estar contigo y a obtener la luz para mi padre." Y el dueño de la luz le respondió: "Te esperaba ahora que llegaste vivirás conmigo."

Entonces El joven tomó un toro-toro, que es un baúl, y lo abrió con cuidado. De repente, la luz salió y comenzó a iluminarlo todo. Iluminó sus brazos, sus dientes blancos. También iluminó el pelo y los ojos negros de la muchacha. Así, ella descubrió la luz. El joven, después de mostrársela, la guardo de nuevo.

Todos los días, el joven sacaba la luz y jugaba con la muchacha. Hasta que un día ella recordó que tenía que volver con su padre.

Recordó que tenía que llevarle la luz que había venido a buscar. El joven dueño de la luz, que era su amigo, se la regaló. "Toma la luz. Así podrás verlo todo." le dijo.

La muchacha regresó donde su padre y le entregó la luz dentro del toro-toro. El padre la sacó y la colgó en uno de los troncos que sostenían la casa. Los Rayos de Luz comenzaron a iluminarlo todo: la casa, el río las hojas de los manglares, y los frutos del merey.

A los distintos pueblos a orillas del Orinoco, llegó la noticia de que había una familia que tenía la Luz. Entonces comenzaron a venir otros waraos a conocerla. Venían en sus canoas llamadas curiaras desde el cañón y el caño Araguabisi, el caño Manamo, el caño Amacuro. Llegaban curiadas y más curiadas llenas de gente.

Llegó un momento, en el que el palafito no soportaba el peso de más gente. Y nadie se marchaba porque no querían volver a vivir en la oscuridad. El padre de las muchachas no pudo soportar más a tanta gente dentro y fuera de su casa. Dijo: "Voy a acabar con esto. Si todos quieren la luz, ahí va."

Y de un manotazo, rompió el toro-toro, y lanzó la luz al cielo. El cuerpo de la luz voló hacia el este, y el toro-toro hacia el oeste. Del cuerpo de la luz se hizo el sol. Y del toro-toro surgió la luna. Pero como el padre los lanzó con mucha fuerza, el sol y la luna marchaba muy rápido El día y la noche eran muy cortos. Amanecía y anochecía a cada rato.

Entonces, el padre le dijo a su hija menor: "Tráeme una tortuga pequeña." Cuando el padre tuvo en sus manos a la tortuga, esperó a que el sol estuviera encima de su cabeza, y se la lanzó. Luego le dijo: "Toma esta tortuguita. Es tuya te la regalo. Espérala." Desde ese momento el sol se puso a esperar a la tortuga.

Al otro día, cuando amaneció, el sol iba lento, como la tortuga. Empezó a andar como anda hoy, alumbrando hasta que llega la noche.

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