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Dickens - Canción de Navidad, Desenlace final 2

Desenlace final 2

No había llegado lejos cuando vio venir hacia él el caballero solemne que, el día anterior, había entrado en su despacho diciendo: "De Scrooge y Marley, creo". El corazón le latió con violencia al pensar cómo le miraría aquel viejo caballero cuando se cruzasen; pero también sabía cuál era el paso a dar, y lo dio.

"Estimado señor", dijo Scrooge acelerando el paso y asiendo al viejo caballero por ambas manos. "¿Cómo está Ud.? Espero que haya tenido éxito ayer. Fue muy amable por su parte. ¡Feliz Navidad, señor!"

"¿El señor Scrooge?"

"Sí", dijo Scrooge. "Ese es mi nombre y me temo que no le resulte grato. Permítame pedirle perdón. Y tenga usted la bondad de...". Scrooge le murmuró algo al oído.

"¡Dios mío! ", exclamó el caballero como si se le hubiera cortado la respiración. "Mi estimado señor Scrooge, ¿lo dice en serio?"

"Se lo ruego", dijo Scrooge. "Ni un ochavo menos. Le aseguro que van incluidos muchos atrasos. ¿Me hará Vd. este favor?"

"Mi estimado señor", dijo el otro estrechándole las manos. "¡No sé qué decir ante tal generosidad ..."

"No diga nada, por favor, atajó Scrooge. "Venga a verme. ¿Vendrá a visitarme?"

"¡Lo haré! ", exclamó el caballero, y estaba claro que esa era su intención.

"Gracias", dijo Scrooge. "Muy agradecido. Un millón de gracias. ¡Adiós!"

Estuvo en la iglesia, deambuló por las calles, contempló a la gente apresurándose de un lado para otro, dio palmaditas en la cabeza de los niños, se interesó por los mendigos, miró las cocinas de las casas, abajo, y las ventanas de arriba, y descubrió que todo le resultaba un placer. Nunca había imaginado que un paseo le pudiera reportar tanta felicidad. Por la tarde, encaminó sus pasos hacia la casa de su sobrino.

Pasó por delante de la puerta una docena de veces antes de acumular el valor suficiente para subir y llamar. Pero tuvo el atranque y lo hizo.

"¿Está el señor en casa, guapa? ", dijo Scrooge a la chica. "¡Guapa chica, en verdad!"

"Sí, señor"

"¿Dónde está, cariño? ", dijo Scrooge.

"Está en el comedor, señor, con la señora. Le acompañaré arriba, por favor. "

"Gracias. Ya me conoce", dijo Scrooge con la mano puesta en la manilla del comedor. "Voy a entrar, guapa".

Abrió la puerta suavemente y asomó la cara. Ellos estaban revisando la mesa (magníficamente puesta), pues estas parejas jóvenes siempre se ponen nerviosos con cosas así y les gusta que todo esté como es debido.

"¡Fred!, dijo Scrooge.

"¡Ay, Señor, qué susto se llevó la sobrina política! Scrooge había olvidado que estaba sentada en el rincón, con el escabel, si no, por nada del mundo lo habría hecho. "

"¡Válgame Dios! ¿Quién es? ", exclamó Fred.

"Soy yo. Tu tío Scrooge. He venido a cenar. ¿Puedo quedarme, Fred? "

¡Que si podía! Fue una suerte que no se le cayera el brazo con las sacudidas. En cinco minutos se sentía como en su casa. Nada podía ser más entrañable. La sobrina era igual que la había visto. Y Topper, cuando llegó. Y la hermana rellenita, y todos los demás. ¡Maravillosa reunión, maravillosos juegos, maravillosa concordia, ma-ra-vi-llo-sa felicidad!

Pero a la mañana siguiente llegó temprano a la oficina. ¡Si pudiera ser el primero y sorprender a Bob Cratchit llegando con retraso! En ello había puesto todo su empeño.

¡Y lo consiguió; sí, lo consiguió! En el reloj dieron las nueve. Bob sin aparecer. Dieron las nueve y cuarto. Bob sin aparecer. Llegó con dieciocho minutos y medio de retraso. Scrooge se sentó con la puerta abierta para verle entrar en la Cisterna.

Antes de abrir la puerta ya se había quitado el sombrero y también la bufanda; en un santiamén ya estaba en su taburete, trabajando intensamente con el lapicero como si intentara dar marcha atrás al tiempo.

"¡Hola! ", gruñó Scrooge, fingiendo lo mejor que supo su voz habitual. "¿Qué significa esto de llegar a estas horas? "

"Lo siento mucho, señor", dijo Bob. "Me he retrasado"

"¿Se ha retrasado? ", repitió Scrooge. "Sí. Eso creo. Haga el favor de venir".

"Es la única vez en todo el año, señor", se excusó Bob saliendo de la Cisterna. "No se volverá a repetir. Ayer tuvimos un poco de fiesta, señor".

"Pues le diré una cosa, amigo mio", dijo Scrooge, "no voy a continuar consintiendo cosas como ésta. Y por consiguiente", prosiguió, saltando de su asiento y aplicando a Bob tal empujón en el chaleco que le hizo retroceder tambaleándose hasta la Cisterna otra vez, "y por consiguiente ¡estoy a punto de subirle el sueldo! "

Bob temblaba y se acercó un poco más a la vara de medir. Por un instante, tuvo la idea de pegar a Scrooge con ella, sujetarle y pedir ayuda a la gente del patio y ponerle una camisa de fuerza.

"¡Feliz Navidad, Bob! " dijo Scrooge con inconfundible acento de sinceridad, al tiempo que le daba palmadas en la espalda. "¡La más Feliz Navidad, Bob, mi buen compañero, que yo le haya deseado en muchos años! Le aumento el sueldo y me propongo auxiliar a su necesitada familia; ¡trataremos sus asuntos esta misma tarde ante un bol navideño de "obispo" humeante, Bob! ¡Atice las estufas y compre otro cubo de carbón antes de ponerse a escribir ni el punto de una "i", Bob Cratchit!"

Scrooge cumplió más de lo prometido. Lo hizo todo y muchísimo más; fue un segundo padre para Tiny Tim, que no murió. Se convirtió en el amigo, amo y hombre más bueno que se conoció en la vieja y buena ciudad o en cualquier otra buena ciudad, pueblo o parroquia del bueno y viejo mundo. Algunas personas se reían al ver el cambio, pero él les dejaba reírse sin prestarles atención pues era lo bastante sabio para darse cuenta de que nada bueno sucede en este globo sin que determinadas personas se harten de reír al principio; sabía que tales personas siempre estarían ciegas y consideraba el malicioso brillo y arrugas de sus ojos como una enfermedad cualquiera, con manifestaciones menos atractivas. Su propio corazón reía y con eso le bastaba.

No volvió a tener trato con aparecidos, pero en adelante vivió bajo el Principio de Abstinencia Total y siempre se dijo de él que sabía mantener el espíritu de la Navidad como nadie. ¡Ojalá se pueda decir lo mismo de nosotros, de todos nosotros! Y así, como dijo Tiny Tim, ¡que Dios nos bendiga a todos, a cada uno de nosotros!

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