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Spanish Podcast, Perder el control 1

Hola amigos, y bienvenidos a Españolpodcast. Soy Mercedes. En nuestro episodio de hoy vamos a aprender y a repasar expresiones, verbos, frases hechas y vocabulario específico del lenguaje emocional, de cuando estamos llenos de contradicciones, de dudas, de tener o no tener el control de una situación o de una relación y de cómo buscar la forma precisa de expresarlo.

Esta semana iniciamos una nueva colección, la Colección Madrid, de la que incluimos un primer álbum que hemos llamado “Escenas de Madrid”. En él hemos ido a la Plaza Mayor, al antiguo Madrid de los Austrias, a la estación de Atocha, al Rastro, a tomar un vermut y a escuchar jazz en una plaza pública o a tomar un café en el Museo de Arte Reina Sofía, después de ver sus exposiciones. Madrid es una ciudad que adoramos y que nos gustaría que viérais con nuestros propios ojos, a través de nuestras fotos. Os explicamos, además, aspectos que esperamos sean de vuestro interés, en cada fotografía.

* * * *

Toni : - Bueno, el otro día le hablé de…, bueno…, le comenté que estaba en crisis, que…

¡Uf!

¡Cómo cuesta hilvanar el hilo otra vez!

Psicoanalista : - Lo dejamos en que usted creía estar perdiendo su autonomía.

Toni : - Sí, sí, justo, eso es. Bueno, pues es eso, sí; tengo la sensación de que le estoy diciendo adiós a una vida muy confortable que yo mismo me había construido.

Psicoanalista : - ¿A una “vida”?

Toni : - Bueno, es exagerado decirlo así; quiero decir que es decirle adiós a una etapa de la vida que me resultaba muy cómoda.

Psicoanalista : (Silencio)

Toni : - La razón se la dije, ¿recuerda? Me he enamorado como un colegial, me paso el día con mariposas en el estómago, como poco y cada día cuento los minutos que faltan para encontrarme con ella.

¡Jolín!

Dicho así, suena un poco cursi.

Psicoanalista : - ¿Qué es lo que le parece “cursi” concretamente?

Toni : - No, no es que sea cursi, realmente es lo que me pasa, pero…,¡me siento incómodo al decirlo!

Psicoanalista : - ¿Incómodo?

Toni : - Bueno, no sé si incómodo, quizás no es ésa la palabra, pero…, me siento raro, me siento…Mmmm….¿Cómo lo diría? Eeeeh…

¡Esclavo! Sí, ésa es la palabra, me siento esclavo de mis propios deseos.

Psicoanalista : - ¿Qué es, para usted, ser esclavo de su deseo?

Toni : - Pues esto que me pasa. Pensar todo el día en Alice, desear verla a todas horas, sentir miedo a que no esté,…

Psicoanalista : - ¿Miedo?

Toni : - Bueno, para ser honesto, también tengo miedo a comprometerme y a que la relación no salga bien.

Psicoanalista : (Silencio)

Toni : - Ya sé que nadie puede saber cómo irá una relación, pero tengo miedo a sufrir.

Psicoanalista : (Silencio)

Toni : - La última vez que me enamoré fue durante el último año de carrera. Estuvimos dos años juntos. Cuando lo dejamos, estuve seis meses hecho polvo; incluso tuve que medicarme porque tuve una pequeña depresión.

Psicoanalista : - ¿Cuánto hace de eso?

Toni : - Siete años.

Psicoanalista : - ¿Ahora es usted el mismo que hace siete años?

Toni : - Mmmm…, a ver…, eeeeeh…, creo que no, seguro que no, pero me lo he montado para no sufrir. He tenido relaciones esporádicas y siempre llevaba yo las riendas…,¿entiende, no? Yo tenía el control.

Psicoanalista : ¿Y ahora?

Toni : - No, ahora ya no llevo las riendas de la situación. Ya no tengo el control…, lo he perdido… El asunto se me ha ido de las manos. De hecho, ahora sucede lo contrario…, ahora son mis sentimientos los que me controlan a mí.

Psicoanalista : - Y ¿cómo le hace sentir eso?

Toni : - ¡Mal! ¡Y bien! Ya sé que es una contradicción, pero así es. Mal, porque no soy yo quien controla la relación. Mal, porque he perdido el control Y bien, porque no hay nada mejor que sentir algo así, es… es como…

Psicoanalista : - Me lo cuenta el jueves, Sr. Ruiz.

La sesión ha terminado.

Toni : ¡Por Dios! ¡Maldito reloj! Ahora mismo, lo único que quiero es seguir hablando. Me ayuda.

Psicoanalista : - Adiós, Sr. Ruiz.

Toni : - Adiós, doctor.

* * * * * *

Toni está en su segunda sesión de análisis. Se dice así cuando alguien se está psicoanalizando; suele decirse que está en análisis, que su analista tal y tal y tal; que tiene tantas sesiones de análisis a la semana, etc.

Cuando ambos interlocutores saben que hablan de terapia psicoanalítica, puede omitirse el “psico” frecuentemente.

Toni le dice a su analista una frase en la que encontramos dos formas de pasado de los verbos:

- El otro día le hablé de … le comenté que…

El otro día hablé de tal o cual, o le comenté que… esto o lo otro. Eso pasó el otro día y allí terminó mi comentario. Por eso uso el pasado indefinido, o el pretérito indefinido: para expresar acciones que acabaron en un momento determinado…, y punto. Se lo comenté en la última sesión, el otro día, … acción iniciada y terminada en el pasado.

Sin embargo dice:

- Le comenté que estaba en crisis.

¡Vaya! ¿Por qué cambiamos el tiempo del verbo al aludir a la crisis? Pues porque estamos describiendo una situación continuada, que ya existía antes de la última sesión, que duraba aún ese día y que, aún ahora, todavía continúa: todavía estoy en crisis. No “estuve” (indefinido) en crisis el año pasado, o el mes pasado, o el otro día,…pero ya pasó, ya se acabó, no. Estaba y estoy en crisis.

Se lo comenté puntualmente el otro día, el comentario fue puntual…pero hice referencia a una situación continuada, por eso usé el imperfecto de indicativo.

Veamos unos ejemplos fáciles:

- La semana pasada le expliqué a todos mis amigos que salía con Álvaro desde hace cinco meses.

En este caso también podría decir:

- …Les expliqué que estoy saliendo con Álvaro desde hace cinco meses.

¿Lo veis? La semana pasada, puntualmente, les expliqué este tema a mis amigos, pero este tema (que estoy saliendo con Álvaro, que salía con Álvaro) estaba pasando cuando se lo expliqué, y continuó pasando después: es decir, hay una continuidad en estar saliendo juntos.

O:

- Ayer telefoneé al trabajo para decir que no iría porque todavía estaba en la cama con la dichosa gripe.

“Estaba” con la gripe todavía durante unos días más.

O:

- El mes pasado me di cuenta de que estaba sin blanca a día 20. Tenía números rojos en el Banco.

Es decir: estaba sin dinero, y estoy aún “sin blanca”; tenía números rojos en el Banco y aún los tengo; tenía números rojos antes de mirar el saldo, cuando lo miré, y posteriormente también, porque estaba sin blanca, sin dinero, y no podía ingresar dinero. Situación mantenida, continuada, de estar “sin pasta” (situación desesperada, la de nuestro amigo).

Volveremos sobre ello, pero hoy hacemos esta pequeña aproximación.

Bueno, volvemos a la sesión de análisis de Toni. Y lo que estamos viendo es que Toni está bastante titubeante.

Él quiere conectar rápidamente con lo que estaba diciendo el último día, pero eso cuesta, es difícil, hay que hacer un gran esfuerzo.

El lenguaje del titubeo, de la duda, está lleno de paradas: hablo, me paro, pienso, hablo, me paro, pienso,…

Tras mencionar la crisis, dice:

- Le comenté que estaba en crisis, que…(se para, se detiene)

Y exclama:

- ¡Uf!

Una exclamación, la de “¡Uf!”, que implica un suspiro (expulsar de golpe el aire por la boca), soltar el aire para descargar la tensión de buscar cómo decir lo que queremos decir.

Y por eso, después de retomar, titubeante (sin estar seguro) el tema del último día, Toni exclama:

- ¡Cómo cuesta hilvanar el hilo otra vez!

Esta es una expresión coloquial, una frase hecha, o un dicho, en español, que quiere decir, literalmente, unir, juntar dos partes de una prenda de ropa con un cosido provisional, a puntadas gruesas: eso es hilvanar, o hacer un hilván, o pasar un hilván por esas dos partes, con aguja e hilo, claro.

Sueles hilvanar algo todo seguido, seguido. Cuando hilvanas una tela, o una prenda de ropa, lo haces rapidito, seguido, sin titubeos, hasta que luego lo coses definitivamente.

Pues, a veces, comparamos un buen discurso con un buen hilván. Si logras unir bien lo que está suelto, y lo haces fluidamente, sin titubeos, “estás hilvanando” un buen discurso. Pero a veces dudas, te cortas, titubeas, estás inseguro,… y te cuesta hilvanar el hilo de lo que quieres decir:

- ¡Cómo cuesta hilvanar el hilo otra vez!

El psicoanalista le recuerda el momento final de la anterior sesión, cuando Toni le comentó que creía estar perdiendo su autonomía.

Y Toni le dice que sí, que es eso justamente. Cuando decimos que “justamente”, o “justo”, en español, hay que diferenciarlo muy bien del “just” inglés (“sólo”, “acabar de..”, “reciente”,etc.) porque significan cosas diferentes en ambas lenguas.

En español quiere decir:

- Precisamente es eso

O:

- Es eso exactamente

O:

- Sí, sí, es eso justamente

O:

- Eso es, justo eso.

Y Toni le dice que es cierto, que tiene la sensación de estar diciéndole adiós a una vida muy confortable que él mismo se había montado.

Es decir, que siente que se está despidiendo de una vida muy cómoda que él mismo se había fabricado, que él mismo se había organizado.

No es una frase tajante, del tipo de:

- “Estoy perdiendo mi cómoda vida”

Sino que usa esta expresión:

- Tengo la sensación de decirle adiós a una vida muy cómoda

Como diciendo: esto puede, o no, ser así, pero yo lo siento así, lo experimento así, tengo la sensación de que así es.

Al preguntar el analista:

- ¿Una “vida”?

Toni piensa que ha dicho algo que tiene que revisar. Repasa, revisa sus palabras y vuelve a dudar. Quizás explicar que su actual situación es decir adiós a una vida confortable, es pasarse. Por eso dice:

- Bueno, es exagerado decirlo así.

Usamos esta frase para decir que nos hemos pasado de la raya al decirlo así, que hemos exagerado lo que nos pasa.

Y añade:

- Quiero decir que…

Una frase con la que corregimos un poco lo que hemos dicho antes, matizamos nuestra opinión.

Podemos decir:

- Quiero decir que…

O:

- Lo que quiero decir es que…

Y dice que la causa de todo esto es que:

- Me he enamorado como un colegial

Un colegial es un chaval (a guy), un chico que va al colegio, un estudiante muy jovencito. Y sabemos que los estudiantes, chicos o chicas, entre los 10 y los 16 años, más o menos -según los casos-, se enamoran como locos, apasionadamente, con una fuerza y un ímpetu propios de la adolescencia y de las hormonas jóvenes.

Por eso, cuando alguien se enamora locamente de otra persona, cuando se pasa el día pensando en la otra persona y experimenta sensaciones corporales fuera de todo control, decimos que:

- Se ha enamorado como un colegial

Fijáos que no decimos: “Como un estudiante”, porque coloquialmente le atribuimos más edad a un estudiante. Un estudiante puede ser un adolescente, pero también un joven universitario. Por eso decimos: “enamorarse como un colegial”, o “enamorarse como un adolescente”(a teen).

Toni dice que se pasa el día con “mariposas en el estómago”. Sentir mariposas en el estómago es experimentar sensaciones “estomacales” típicas del enamoramiento: cosquilleos, extrañas corrientes nerviosas…, sensaciones diversas e inconfundibles que todo el mundo ha experimentado alguna vez y que hace que nuestro enamorado estómago parezca un mariposario en el que docenas de juguetonas mariposas no cesan de revolotear ni de día ni de noche.

También dice que “come poco”, inapetencia también típica de los estados de enamoramiento y que, normalmente, sobreviene…¡justo cuando eres joven, fuerte y delgado…¡y no necesitas adelgazar (hacer dieta)!

Dice también Toni, como el típico enamorado que es, que cada día “cuenta los minutos” que faltan para encontrarse con Alice.

Es también una expresión coloquial muy usada:

- Contar los minutos (que faltan para algo)

Y que denota la impaciencia de alguien ante un acontecimiento.

Por ejemplo:

- Cuento los minutos que faltan para mi boda. ¡Al fin ha llegado! Me caso mañana y estoy muy feliz.

O:

- Mañana llega mi hija. Hace dos meses que no la veo. Estoy contando los minutos que faltan para abrazarla.

O:

- Esta noche es mi primera cita con Diego. Cuento los minutos que faltan para encontrarnos. ¡Qué emoción!

Cuando ha dicho todo esto, Toni suelta un:

- ¡Jolín!

Que es una palabra usual…¡qué digo! Hiperusual en español, que se dice mucho, en todos sitios, a todas las edades, en cualquier situación, y que es un eufemismo más de el taco real que ya hemos comentado en otros episodios.

Usamos “¡Jolín!” cuando queremos expresar de forma enfática, por ejemplo, asombro, o enfado, o disgusto, o fastidio, o admiración, o sorpresa, o conmoción, o susto, o desconcierto, o extrañeza, o chasco, o sobresalto,… en fin, la lista es interminable y los contextos de uso, incontables.

Hay muchas interjecciones que vienen a significar los mismo, todas ellas palabras que suenan mejor (eufemismos) que el taco original, y que no son estrictamente palabrotas, no, no lo son; son exclamaciones de todos esos estados que decíamos más arriba.

Otras interjecciones similares:

- ¡Jolín!

- ¡Jolines!

- ¡Jopé!

- ¡Jo!

- ¡Joé!

- ¡Jobá!

(Algunas de ellas no están en el diccionario de la RAE, pero se dicen)

Toni titubea de nuevo. De nuevo duda sobre si las palabras que acaba de decir son las adecuadas. Por eso añade que: “dicho así…”, como él lo ha dicho, “suena un poco cursi”.



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Hola amigos, y bienvenidos a Españolpodcast. Soy Mercedes. En nuestro episodio de hoy vamos a aprender y a repasar expresiones, verbos, frases hechas y vocabulario específico del lenguaje emocional, de cuando estamos llenos de contradicciones, de dudas, de tener o no tener el control de una situación o de una relación y de cómo buscar la forma precisa de expresarlo.

Esta semana iniciamos una nueva colección, la Colección Madrid, de la que incluimos un primer álbum que hemos llamado “Escenas de Madrid”. En él hemos ido a la Plaza Mayor, al antiguo Madrid de los Austrias, a la estación de Atocha, al Rastro, a tomar un vermut y a escuchar jazz en una plaza pública o a tomar un café en el Museo de Arte Reina Sofía, después de ver sus exposiciones. Madrid es una ciudad que adoramos y que nos gustaría que viérais con nuestros propios ojos, a través de nuestras fotos. Os explicamos, además, aspectos que esperamos sean de vuestro interés, en cada fotografía.

* * * *

Toni : - Bueno, el otro día le hablé de…, bueno…, le comenté que estaba en crisis, que…

¡Uf!

¡Cómo cuesta hilvanar el hilo otra vez!

Psicoanalista : - Lo dejamos en que usted creía estar perdiendo su autonomía.

Toni : - Sí, sí, justo, eso es. Bueno, pues es eso, sí; tengo la sensación de que le estoy diciendo adiós a una vida muy confortable que yo mismo me había construido.

Psicoanalista : - ¿A una “vida”?

Toni : - Bueno, es exagerado decirlo así; quiero decir que es decirle adiós a una etapa de la vida que me resultaba muy cómoda.

Psicoanalista : (Silencio)

Toni : - La razón se la dije, ¿recuerda? Me he enamorado como un colegial, me paso el día con mariposas en el estómago, como poco y cada día cuento los minutos que faltan para encontrarme con ella.

¡Jolín!

Dicho así, suena un poco cursi.

Psicoanalista : - ¿Qué es lo que le parece “cursi” concretamente?

Toni : - No, no es que sea cursi, realmente es lo que me pasa, pero…,¡me siento incómodo al decirlo!

Psicoanalista : - ¿Incómodo?

Toni : - Bueno, no sé si incómodo, quizás no es ésa la palabra, pero…, me siento raro, me siento…Mmmm….¿Cómo lo diría? Eeeeh…

¡Esclavo! Sí, ésa es la palabra, me siento esclavo de mis propios deseos.

Psicoanalista : - ¿Qué es, para usted, ser esclavo de su deseo?

Toni : - Pues esto que me pasa. Pensar todo el día en Alice, desear verla a todas horas, sentir miedo a que no esté,…

Psicoanalista : - ¿Miedo?

Toni : - Bueno, para ser honesto, también tengo miedo a comprometerme y a que la relación no salga bien.

Psicoanalista : (Silencio)

Toni : - Ya sé que nadie puede saber cómo irá una relación, pero tengo miedo a sufrir.

Psicoanalista : (Silencio)

Toni : - La última vez que me enamoré fue durante el último año de carrera. Estuvimos dos años juntos. Cuando lo dejamos, estuve seis meses hecho polvo; incluso tuve que medicarme porque tuve una pequeña depresión.

Psicoanalista : - ¿Cuánto hace de eso?

Toni : - Siete años.

Psicoanalista : - ¿Ahora es usted el mismo que hace siete años?

Toni : - Mmmm…, a ver…, eeeeeh…, creo que no, seguro que no, pero me lo he montado para no sufrir. He tenido relaciones esporádicas y siempre llevaba yo las riendas…,¿entiende, no? Yo tenía el control.

Psicoanalista : ¿Y ahora?

Toni : - No, ahora ya no llevo las riendas de la situación. Ya no tengo el control…, lo he perdido… El asunto se me ha ido de las manos. De hecho, ahora sucede lo contrario…, ahora son mis sentimientos los que me controlan a mí.

Psicoanalista : - Y ¿cómo le hace sentir eso?

Toni : - ¡Mal! ¡Y bien! Ya sé que es una contradicción, pero así es. Mal, porque no soy yo quien controla la relación. Mal, porque he perdido el control Y bien, porque no hay nada mejor que sentir algo así, es… es como…

Psicoanalista : - Me lo cuenta el jueves, Sr. Ruiz.

La sesión ha terminado.

Toni : ¡Por Dios! ¡Maldito reloj! Ahora mismo, lo único que quiero es seguir hablando. Me ayuda.

Psicoanalista : - Adiós, Sr. Ruiz.

Toni : - Adiós, doctor.

* * * * * *

Toni está en su segunda sesión de análisis. Se dice así cuando alguien se está psicoanalizando; suele decirse que está en análisis, que su analista tal y tal y tal; que tiene tantas sesiones de análisis a la semana, etc.

Cuando ambos interlocutores saben que hablan de terapia psicoanalítica, puede omitirse el “psico” frecuentemente.

Toni le dice a su analista una frase en la que encontramos dos formas de pasado de los verbos:

- El otro día le hablé de … le comenté que…

El otro día hablé de tal o cual, o le comenté que… esto o lo otro. Eso pasó el otro día y allí terminó mi comentario. Por eso uso el pasado indefinido, o el pretérito indefinido: para expresar acciones que acabaron en un momento determinado…, y punto. Se lo comenté en la última sesión, el otro día, … acción iniciada y terminada en el pasado.

Sin embargo dice:

- Le comenté que estaba en crisis.

¡Vaya! ¿Por qué cambiamos el tiempo del verbo al aludir a la crisis? Pues porque estamos describiendo una situación continuada, que ya existía antes de la última sesión, que duraba aún ese día y que, aún ahora, todavía continúa: todavía estoy en crisis. No “estuve” (indefinido) en crisis el año pasado, o el mes pasado, o el otro día,…pero ya pasó, ya se acabó, no. Estaba y estoy en crisis.

Se lo comenté puntualmente el otro día, el comentario fue puntual…pero hice referencia a una situación continuada, por eso usé el imperfecto de indicativo.

Veamos unos ejemplos fáciles:

- La semana pasada le expliqué a todos mis amigos que salía con Álvaro desde hace cinco meses.

En este caso también podría decir:

- …Les expliqué que estoy saliendo con Álvaro desde hace cinco meses.

¿Lo veis? La semana pasada, puntualmente, les expliqué este tema a mis amigos, pero este tema (que estoy saliendo con Álvaro, que salía con Álvaro) estaba pasando cuando se lo expliqué, y continuó pasando después: es decir, hay una continuidad en estar saliendo juntos.

O:

- Ayer telefoneé al trabajo para decir que no iría porque todavía estaba en la cama con la dichosa gripe.

“Estaba” con la gripe todavía durante unos días más.

O:

- El mes pasado me di cuenta de que estaba sin blanca a día 20. Tenía números rojos en el Banco.

Es decir: estaba sin dinero, y estoy aún “sin blanca”; tenía números rojos en el Banco y aún los tengo; tenía números rojos antes de mirar el saldo, cuando lo miré, y posteriormente también, porque estaba sin blanca, sin dinero, y no podía ingresar dinero. Situación mantenida, continuada, de estar “sin pasta” (situación desesperada, la de nuestro amigo).

Volveremos sobre ello, pero hoy hacemos esta pequeña aproximación.

Bueno, volvemos a la sesión de análisis de Toni. Y lo que estamos viendo es que Toni está bastante titubeante.

Él quiere conectar rápidamente con lo que estaba diciendo el último día, pero eso cuesta, es difícil, hay que hacer un gran esfuerzo.

El lenguaje del titubeo, de la duda, está lleno de paradas: hablo, me paro, pienso, hablo, me paro, pienso,…

Tras mencionar la crisis, dice:

- Le comenté que estaba en crisis, que…(se para, se detiene)

Y exclama:

- ¡Uf!

Una exclamación, la de “¡Uf!”, que implica un suspiro (expulsar de golpe el aire por la boca), soltar el aire para descargar la tensión de buscar cómo decir lo que queremos decir.

Y por eso, después de retomar, titubeante (sin estar seguro) el tema del último día, Toni exclama:

- ¡Cómo cuesta hilvanar el hilo otra vez!

Esta es una expresión coloquial, una frase hecha, o un dicho, en español, que quiere decir, literalmente, unir, juntar dos partes de una prenda de ropa con un cosido provisional, a puntadas gruesas: eso es hilvanar, o hacer un hilván, o pasar un hilván por esas dos partes, con aguja e hilo, claro.

Sueles hilvanar algo todo seguido, seguido. Cuando hilvanas una tela, o una prenda de ropa, lo haces rapidito, seguido, sin titubeos, hasta que luego lo coses definitivamente.

Pues, a veces, comparamos un buen discurso con un buen hilván. Si logras unir bien lo que está suelto, y lo haces fluidamente, sin titubeos, “estás hilvanando” un buen discurso. Pero a veces dudas, te cortas, titubeas, estás inseguro,… y te cuesta hilvanar el hilo de lo que quieres decir:

- ¡Cómo cuesta hilvanar el hilo otra vez!

El psicoanalista le recuerda el momento final de la anterior sesión, cuando Toni le comentó que creía estar perdiendo su autonomía.

Y Toni le dice que sí, que es eso justamente. Cuando decimos que “justamente”, o “justo”, en español, hay que diferenciarlo muy bien del “just” inglés (“sólo”, “acabar de..”, “reciente”,etc.) porque significan cosas diferentes en ambas lenguas.

En español quiere decir:

- Precisamente es eso

O:

- Es eso exactamente

O:

- Sí, sí, es eso justamente

O:

- Eso es, justo eso.

Y Toni le dice que es cierto, que tiene la sensación de estar diciéndole adiós a una vida muy confortable que él mismo se había montado.

Es decir, que siente que se está despidiendo de una vida muy cómoda que él mismo se había fabricado, que él mismo se había organizado.

No es una frase tajante, del tipo de:

- “Estoy perdiendo mi cómoda vida”

Sino que usa esta expresión:

- Tengo la sensación de decirle adiós a una vida muy cómoda

Como diciendo: esto puede, o no, ser así, pero yo lo siento así, lo experimento así, tengo la sensación de que así es.

Al preguntar el analista:

- ¿Una “vida”?

Toni piensa que ha dicho algo que tiene que revisar. Repasa, revisa sus palabras y vuelve a dudar. Quizás explicar que su actual situación es decir adiós a una vida confortable, es pasarse. Por eso dice:

- Bueno, es exagerado decirlo así.

Usamos esta frase para decir que nos hemos pasado de la raya al decirlo así, que hemos exagerado lo que nos pasa.

Y añade:

- Quiero decir que…

Una frase con la que corregimos un poco lo que hemos dicho antes, matizamos nuestra opinión.

Podemos decir:

- Quiero decir que…

O:

- Lo que quiero decir es que…

Y dice que la causa de todo esto es que:

- Me he enamorado como un colegial

Un colegial es un chaval (a guy), un chico que va al colegio, un estudiante muy jovencito. Y sabemos que los estudiantes, chicos o chicas, entre los 10 y los 16 años, más o menos -según los casos-, se enamoran como locos, apasionadamente, con una fuerza y un ímpetu propios de la adolescencia y de las hormonas jóvenes.

Por eso, cuando alguien se enamora locamente de otra persona, cuando se pasa el día pensando en la otra persona y experimenta sensaciones corporales fuera de todo control, decimos que:

- Se ha enamorado como un colegial

Fijáos que no decimos: “Como un estudiante”, porque coloquialmente le atribuimos más edad a un estudiante. Un estudiante puede ser un adolescente, pero también un joven universitario. Por eso decimos: “enamorarse como un colegial”, o “enamorarse como un adolescente”(a teen).

Toni dice que se pasa el día con “mariposas en el estómago”. Sentir mariposas en el estómago es experimentar sensaciones “estomacales” típicas del enamoramiento: cosquilleos, extrañas corrientes nerviosas…, sensaciones diversas e inconfundibles que todo el mundo ha experimentado alguna vez y que hace que nuestro enamorado estómago parezca un mariposario en el que docenas de juguetonas mariposas no cesan de revolotear ni de día ni de noche.

También dice que “come poco”, inapetencia también típica de los estados de enamoramiento y que, normalmente, sobreviene…¡justo cuando eres joven, fuerte y delgado…¡y no necesitas adelgazar (hacer dieta)!

Dice también Toni, como el típico enamorado que es, que cada día “cuenta los minutos” que faltan para encontrarse con Alice.

Es también una expresión coloquial muy usada:

- Contar los minutos (que faltan para algo)

Y que denota la impaciencia de alguien ante un acontecimiento.

Por ejemplo:

- Cuento los minutos que faltan para mi boda. ¡Al fin ha llegado! Me caso mañana y estoy muy feliz.

O:

- Mañana llega mi hija. Hace dos meses que no la veo. Estoy contando los minutos que faltan para abrazarla.

O:

- Esta noche es mi primera cita con Diego. Cuento los minutos que faltan para encontrarnos. ¡Qué emoción!

Cuando ha dicho todo esto, Toni suelta un:

- ¡Jolín!

Que es una palabra usual…¡qué digo! Hiperusual en español, que se dice mucho, en todos sitios, a todas las edades, en cualquier situación, y que es un eufemismo más de el taco real que ya hemos comentado en otros episodios.

Usamos “¡Jolín!” cuando queremos expresar de forma enfática, por ejemplo, asombro, o enfado, o disgusto, o fastidio, o admiración, o sorpresa, o conmoción, o susto, o desconcierto, o extrañeza, o chasco, o sobresalto,… en fin, la lista es interminable y los contextos de uso, incontables.

Hay muchas interjecciones que vienen a significar los mismo, todas ellas palabras que suenan mejor (eufemismos) que el taco original, y que no son estrictamente palabrotas, no, no lo son; son exclamaciones de todos esos estados que decíamos más arriba.

Otras interjecciones similares:

- ¡Jolín!

- ¡Jolines!

- ¡Jopé!

- ¡Jo!

- ¡Joé!

- ¡Jobá!

(Algunas de ellas no están en el diccionario de la RAE, pero se dicen)

Toni titubea de nuevo. De nuevo duda sobre si las palabras que acaba de decir son las adecuadas. Por eso añade que: “dicho así…”, como él lo ha dicho, “suena un poco cursi”.


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