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El propósito de la existencia humana - Emilio Carrillo

En el mundo de la mente, queremos llegar a sitios. La mente se propone metas, metas que van ligadas normalmente a un esfuerzo para alcanzar esas metas. La realidad es muy otra. Como bien has apuntado, ya somos todo y no hay que llegar a ningún sitio. La mente, con su fecha de caducidad, con su forma de funcionamiento, crea eso, pero eso es una ficción de la mente. Bien, pero ¿por qué estamos aquí? ¿Qué hacemos aquí? Si somos el Conductor divino, infinito y eterno, ¿qué diantres hacemos en la guerra, perdón, en la tierra? (Risas)

Cuando esto se plantea y se intenta responder desde la mente, las respuestas pueden ser múltiples. Y ninguna nos satisface, ninguna. La realidad es mucho más sencilla y a su vez mucho más profunda. La realidad es que este plano de existencia... éste, éste, éste... permitirme que lo exprese así, el más divino de toda la Creación. El más inefable de toda la Creación. Por eso estamos aquí. Porque esto es el novamás. Y diréis: «No, Emilio, por favor, te estás equivocando». (Risas)

Ese será el mundo de los ángeles... No, mirad: la ciencia se acerca a ello actualmente. La ciencia nos habla, fijaros ya, nos habla de la nada, del vacío. Que el vacío vibra. Con los últimos descubrimientos del... acelerador de partículas. Y empieza a comprobar que eso del Big Bang, lo del inicio, no es sino algo que siempre ha existido, que es nada, que es vacío, pero que vibra porque no puede evitarlo. Y esa vibración reverbera en la propia nada, reverbera en el propio vacío... que es lo que en el lenguaje cristiano se llama el Verbo. «El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros». Es la vibración del vacío reverberando en el propio vacío. Es como si fuera una voz 'a' en una habitación donde no hay nada. Hace eco y ese eco se va expandiendo a... a... a... a... a... Cada nuevo 'a...a' ¿en qué se diferencia del anterior? Como si fuera una piedra que cae en el agua, círculos concéntricos. ¿En qué se diferencia del anterior? En su vibración.

Cada nuevo 'a', cada nuevo eco, cada nueva reverberación, cada nuevo círculo concéntrico - que es lo que la ciencia llama dimensión - cada nueva dimensión se diferencia de la anterior por su frecuencia vibracional. Y siempre la regla es la misma. Esta dimensión siempre es menos pura que la anterior. Es decir, más densa que la anterior y más pura que la siguiente. Su frecuencia vibracional es más alta que la que va a venir pero más baja que la que la ha precedido. Es así como se conforma el cosmos. Mejor dicho como se ha configurado el cosmos y se sigue configurando. Una expansión permanente en nuevas dimensiones, y las dimensiones siempre, siempre tienen la misma regla: su frecuencia vibracional, cada nueva dimensión es más densa que la que la antecede pero más pura que la que le va a seguir.

La ciencia a las dimensiones - como son científicos los pobres - lo han numerado y le han dado números. En el lenguaje espiritual, que es más poético, hay denominaciones para las dimensiones que son más divertidas. Yo me quedo con la teología cristiana, que siguiendo un libro de la jerarquía celestial, que creo que es del siglo III o el siglo IV, le da unos nombres preciosos a las dimensiones. Nos habla de «El arranque de todo», lo que podríamos decir la divinidad en toda su pureza aunque todo es igualmente divino porque la Creación no es sino la divinidad misma que se expande, es ella misma. Pero en su expansión van surgiendo las dimensiones. Y esas dimensiones en la teología cristiana, a la primera, la primera que surge, que es muy pura pero ya no es pureza absoluta - es el mundo de los serafines. Fijaros el nombre: ser afin; ser afin a la pureza completa. Después viene el mundo de los querubines. Después si mi memoria no falla viene el mundo de las dominaciones, después vienen las virtudes, después vienen las potestades, después vienen los tronos, después vienen los principados, después vienen los arcángeles, después los ángeles y después nosotros. ¡Uf!

Once. Once. Es un tema convencional desde luego, pero es curioso que siendo un tema convencional, la teoría de cuerdas (que es el novamás en la ciencia actual) como no había una... hablando de dimensiones, según el científico la clasificación la hacían en números distintos de dimensiones, en 1995 hubo un pacto. Y dentro de la teoría de cuerdas hay un pacto que es la teoría M. Y la teoría M - donde ha habido una especie de puesta en común de todos los científicos - nos habla de once dimensiones, ¡oye! Igual que la jerarquía celestial. De la teología cristiana. No con números, sino con nombres, más poéticos.

Pues bien, la divinidad pura, el arranque de todo - ¡que es todo! Porque no hay fraccionamiento, no hay ruptura. Eso es, con el mayor respeto, eso es OM. ¡OM! ¡Pero un OM! (Risas) Una hora, cuatro horas, un año, cincuenta años, un millón de años... no hay tiempo. OM.

El mundo de los serafines. Permitirme, que me permitan los serafines - que también somos nosotros por cierto - la broma: es más cinco menos cinco. Ya no están en el OM cero; están ya en el más cinco menos cinco, entendiendo por el menos experiencia que llamaríamos aquí de dolor aunque en el menos cinco ni se nota, o experiencias que llamaríamos de placer que en el más cinco la verdad es que tampoco se nota mucho. Ahí están los serafines. Es que son afines. (Se ríe el locutor) Son casi el OM, no llegan a ser el OM pero el juego experiencial que da ese plano, ese es casi OM.

No pasa nada, ahí están los querubines. Más quince menos quince (±15). La cosa empieza a ser más divertida. Y siguen apareciendo dimensiones y siguen apareciendo dimensiones... Llegamos ya a la dimensión de los arcángeles. Más setenta y cinco menos setenta y cinco (±75). Después la dimensión de los ángeles - más ochenta y cinco menos ochenta y cinco (±85). Y por fin la dimensión ésta, la dimensión donde se desenvuelve el plano humano. ¿Cuál es la banda experiencial aquí? Más cien menos cien (±100). Cosa que no ocurre en ninguna de las otras dimensiones. Y la divinidad y la Creación - que es consciencia, que es consciencia - las experiencias conscienciales que se viven en este plano no se pueden vivir en ningún otro. Y de esas experiencias conscienciales se nutre toda la consciencia, se nutre toda la Creación. La Creación se expande así... nosotros por decirlo de algún modo estamos en la última frontera donde la banda experiencial es la más ancha, y todas las experiencias conscienciales que vivimos aquí las absorbe, las toma, las hace suyas la consciencia Una que es toda la Creación.

Este es el plano más inefable de la existencia, y por eso estamos aquí. Y comenta el compañero: «Bueno, ¿y por qué lo olvidamos?» ¿Y esto por qué no lo recordamos? También es muy sencillo de entender. ¿Qué pasaría si cuando llegamos a este plano humano por primera vez antes de iniciar el recorrido de cadena de vida con el trajín que nos trajimos? ¿Qué pasaría si desde el principio recordamos lo que somos? Que lo del más cien el menos cien se ha acabado. No podríamos saborear una buena parte de la banda experiencial porque en cuanto que recuerdes lo que eres, hay experiencias que no vas a vivirlas como las vas a vivir si no recuerdas lo que eres. Me gusta poner un ejemplo que sé que es un poco bruto pero que se entiende bien: una madre que pierde un hijo de cinco años. Por ejemplo, mediante una enfermedad larga. Hospitalización, dolor. Esa madre siente un dolor inmenso - puede ser un ejemplo de menos cien, una experiencia enormemente dura; menos noventa y cinco, menos cien. ¿Qué pasaría si esa madre vive esa misma experiencia pero recordando plenamente lo que es? Habría dolor, sí, claro. Habría dolor, pero ya sabría que su hijo en primer lugar no era su hijo. Era un Conductor (como ella) encarnado en su hijo. Y lo más importante durante la vida del hijo habría tenido consciencia de que el hijo era coche y Conductor, Conductor y coche. Habría mirado siempore al hijo no solamente como coche sino como Conductor, que eso es lo que nos pasa cuando nos damos cuenta, que ya no miramos a los demás sólo como coche sino como Conductor que está ahí detrás del limpiaparabrisas, detrás de los cristales. Ahí está el Conductor esperando que lo veamos.

Y cuando se produce ese momento que llamamos muerte, la madre sería consciente que no ha habido muerte. E incluso seguiría notando la presencia del Conductor. Lo habría notado en vida, y lo seguiría notando en muerte. Cabría un dolor, claro que lo hay porque no se le puede abrazar como antes, no se puede... como yo digo con mis padres, yo no puedo ir al Bético con mis padres como iba antes. Y bueno pues echo en falta determinadas experiencias que tenía con mis padres que ya no puedo vivir. Pero, pero el nivel de dolor, coincidiréis conmigo, es totalmente distinto. Es totalmente distinto.

Por eso, forma parte del pacto de encarnación. Lo que en el libro denomino el gran olvido. Esto es. El gran olvido de lo que somos, el gran olvido de lo que Es. Y eso forma parte del pacto. Eso sí, en la cadena de vidas, por la vía de las experiencias, inevitablemente - es inevitable - vamos recordando. Vamos recordando, vamos recordando, vamos recordando. No aprendemos, por tanto no hay que estudiar. No hay que hacer deberes. No hay que esforzarse. Es un proceso no de aprendizaje sino de recuerdo por la vía de las experiencias. Y viviendo las experiencias de la banda ancha, vamos recordando, vamos recordando, vamos recordando, vamos recordando, vamos recordando. Y hay un momento concreto en el que recuerdas tanto tanto tanto tanto tanto tanto que eres la divinidad OM en este plano. La divinidad ésa que estaba ahí tan seria - en este plano. Y vives la vida plenamente en el OM, pero en este plano. Viviendo. Es lo que a mí me gusta llamar el vivir viviendo punto. Esa es la divinidad plena en este plano: vivir viviendo. Vi-ves. No piensas acerca de la vida; vi-ves. No piensas acerca de los demás, no piensas acerca de las cosas, no piensas «acerca de». Vives, vives, vives, vives... vives. Vivir viviendo. Muchas gracias.

(Aplausos)



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En el mundo de la mente, queremos llegar a sitios. La mente se propone metas, metas que van ligadas normalmente a un esfuerzo para alcanzar esas metas. La realidad es muy otra. Como bien has apuntado, ya somos todo y no hay que llegar a ningún sitio. La mente, con su fecha de caducidad, con su forma de funcionamiento, crea eso, pero eso es una ficción de la mente. Bien, pero ¿por qué estamos aquí? ¿Qué hacemos aquí? Si somos el Conductor divino, infinito y eterno, ¿qué diantres hacemos en la guerra, perdón, en la tierra? (Risas)

Cuando esto se plantea y se intenta responder desde la mente, las respuestas pueden ser múltiples. Y ninguna nos satisface, ninguna. La realidad es mucho más sencilla y a su vez mucho más profunda. La realidad es que este plano de existencia... éste, éste, éste... permitirme que lo exprese así, el más divino de toda la Creación. El más inefable de toda la Creación. Por eso estamos aquí. Porque esto es el novamás. Y diréis: «No, Emilio, por favor, te estás equivocando». (Risas)

Ese será el mundo de los ángeles... No, mirad: la ciencia se acerca a ello actualmente. La ciencia nos habla, fijaros ya, nos habla de la nada, del vacío. Que el vacío vibra. Con los últimos descubrimientos del... acelerador de partículas. Y empieza a comprobar que eso del Big Bang, lo del inicio, no es sino algo que siempre ha existido, que es nada, que es vacío, pero que vibra porque no puede evitarlo. Y esa vibración reverbera en la propia nada, reverbera en el propio vacío... que es lo que en el lenguaje cristiano se llama el Verbo. «El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros». Es la vibración del vacío reverberando en el propio vacío. Es como si fuera una voz 'a' en una habitación donde no hay nada. Hace eco y ese eco se va expandiendo a... a... a... a... a... Cada nuevo 'a...a' ¿en qué se diferencia del anterior? Como si fuera una piedra que cae en el agua, círculos concéntricos. ¿En qué se diferencia del anterior? En su vibración.

Cada nuevo 'a', cada nuevo eco, cada nueva reverberación, cada nuevo círculo concéntrico - que es lo que la ciencia llama dimensión - cada nueva dimensión se diferencia de la anterior por su frecuencia vibracional. Y siempre la regla es la misma. Esta dimensión siempre es menos pura que la anterior. Es decir, más densa que la anterior y más pura que la siguiente. Su frecuencia vibracional es más alta que la que va a venir pero más baja que la que la ha precedido. Es así como se conforma el cosmos. Mejor dicho como se ha configurado el cosmos y se sigue configurando. Una expansión permanente en nuevas dimensiones, y las dimensiones siempre, siempre tienen la misma regla: su frecuencia vibracional, cada nueva dimensión es más densa que la que la antecede pero más pura que la que le va a seguir.

La ciencia a las dimensiones - como son científicos los pobres - lo han numerado y le han dado números. En el lenguaje espiritual, que es más poético, hay denominaciones para las dimensiones que son más divertidas. Yo me quedo con la teología cristiana, que siguiendo un libro de la jerarquía celestial, que creo que es del siglo III o el siglo IV, le da unos nombres preciosos a las dimensiones. Nos habla de «El arranque de todo», lo que podríamos decir la divinidad en toda su pureza aunque todo es igualmente divino porque la Creación no es sino la divinidad misma que se expande, es ella misma. Pero en su expansión van surgiendo las dimensiones. Y esas dimensiones en la teología cristiana, a la primera, la primera que surge, que es muy pura pero ya no es pureza absoluta - es el mundo de los serafines. Fijaros el nombre: ser afin; ser afin a la pureza completa. Después viene el mundo de los querubines. Después si mi memoria no falla viene el mundo de las dominaciones, después vienen las virtudes, después vienen las potestades, después vienen los tronos, después vienen los principados, después vienen los arcángeles, después los ángeles y después nosotros. ¡Uf!

Once. Once. Es un tema convencional desde luego, pero es curioso que siendo un tema convencional, la teoría de cuerdas (que es el novamás en la ciencia actual) como no había una... hablando de dimensiones, según el científico la clasificación la hacían en números distintos de dimensiones, en 1995 hubo un pacto. Y dentro de la teoría de cuerdas hay un pacto que es la teoría M. Y la teoría M - donde ha habido una especie de puesta en común de todos los científicos - nos habla de once dimensiones, ¡oye! Igual que la jerarquía celestial. De la teología cristiana. No con números, sino con nombres, más poéticos.

Pues bien, la divinidad pura, el arranque de todo - ¡que es todo! Porque no hay fraccionamiento, no hay ruptura. Eso es, con el mayor respeto, eso es OM. ¡OM! ¡Pero un OM! (Risas) Una hora, cuatro horas, un año, cincuenta años, un millón de años... no hay tiempo. OM.

El mundo de los serafines. Permitirme, que me permitan los serafines - que también somos nosotros por cierto - la broma: es más cinco menos cinco. Ya no están en el OM cero; están ya en el más cinco menos cinco, entendiendo por el menos experiencia que llamaríamos aquí de dolor aunque en el menos cinco ni se nota, o experiencias que llamaríamos de placer que en el más cinco la verdad es que tampoco se nota mucho. Ahí están los serafines. Es que son afines. (Se ríe el locutor) Son casi el OM, no llegan a ser el OM pero el juego experiencial que da ese plano, ese es casi OM.

No pasa nada, ahí están los querubines. Más quince menos quince (±15). La cosa empieza a ser más divertida. Y siguen apareciendo dimensiones y siguen apareciendo dimensiones... Llegamos ya a la dimensión de los arcángeles. Más setenta y cinco menos setenta y cinco (±75). Después la dimensión de los ángeles - más ochenta y cinco menos ochenta y cinco (±85). Y por fin la dimensión ésta, la dimensión donde se desenvuelve el plano humano. ¿Cuál es la banda experiencial aquí? Más cien menos cien (±100). Cosa que no ocurre en ninguna de las otras dimensiones. Y la divinidad y la Creación - que es consciencia, que es consciencia - las experiencias conscienciales que se viven en este plano no se pueden vivir en ningún otro. Y de esas experiencias conscienciales se nutre toda la consciencia, se nutre toda la Creación. La Creación se expande así... nosotros por decirlo de algún modo estamos en la última frontera donde la banda experiencial es la más ancha, y todas las experiencias conscienciales que vivimos aquí las absorbe, las toma, las hace suyas la consciencia Una que es toda la Creación.

Este es el plano más inefable de la existencia, y por eso estamos aquí. Y comenta el compañero: «Bueno, ¿y por qué lo olvidamos?» ¿Y esto por qué no lo recordamos? También es muy sencillo de entender. ¿Qué pasaría si cuando llegamos a este plano humano por primera vez antes de iniciar el recorrido de cadena de vida con el trajín que nos trajimos? ¿Qué pasaría si desde el principio recordamos lo que somos? Que lo del más cien el menos cien se ha acabado. No podríamos saborear una buena parte de la banda experiencial porque en cuanto que recuerdes lo que eres, hay experiencias que no vas a vivirlas como las vas a vivir si no recuerdas lo que eres. Me gusta poner un ejemplo que sé que es un poco bruto pero que se entiende bien: una madre que pierde un hijo de cinco años. Por ejemplo, mediante una enfermedad larga. Hospitalización, dolor. Esa madre siente un dolor inmenso - puede ser un ejemplo de menos cien, una experiencia enormemente dura; menos noventa y cinco, menos cien. ¿Qué pasaría si esa madre vive esa misma experiencia pero recordando plenamente lo que es? Habría dolor, sí, claro. Habría dolor, pero ya sabría que su hijo en primer lugar no era su hijo. Era un Conductor (como ella) encarnado en su hijo. Y lo más importante durante la vida del hijo habría tenido consciencia de que el hijo era coche y Conductor, Conductor y coche. Habría mirado siempore al hijo no solamente como coche sino como Conductor, que eso es lo que nos pasa cuando nos damos cuenta, que ya no miramos a los demás sólo como coche sino como Conductor que está ahí detrás del limpiaparabrisas, detrás de los cristales. Ahí está el Conductor esperando que lo veamos.

Y cuando se produce ese momento que llamamos muerte, la madre sería consciente que no ha habido muerte. E incluso seguiría notando la presencia del Conductor. Lo habría notado en vida, y lo seguiría notando en muerte. Cabría un dolor, claro que lo hay porque no se le puede abrazar como antes, no se puede... como yo digo con mis padres, yo no puedo ir al Bético con mis padres como iba antes. Y bueno pues echo en falta determinadas experiencias que tenía con mis padres que ya no puedo vivir. Pero, pero el nivel de dolor, coincidiréis conmigo, es totalmente distinto. Es totalmente distinto.

Por eso, forma parte del pacto de encarnación. Lo que en el libro denomino el gran olvido. Esto es. El gran olvido de lo que somos, el gran olvido de lo que Es. Y eso forma parte del pacto. Eso sí, en la cadena de vidas, por la vía de las experiencias, inevitablemente - es inevitable - vamos recordando. Vamos recordando, vamos recordando, vamos recordando. No aprendemos, por tanto no hay que estudiar. No hay que hacer deberes. No hay que esforzarse. Es un proceso no de aprendizaje sino de recuerdo por la vía de las experiencias. Y viviendo las experiencias de la banda ancha, vamos recordando, vamos recordando, vamos recordando, vamos recordando, vamos recordando. Y hay un momento concreto en el que recuerdas tanto tanto tanto tanto tanto tanto que eres la divinidad OM en este plano. La divinidad ésa que estaba ahí tan seria - en este plano. Y vives la vida plenamente en el OM, pero en este plano. Viviendo. Es lo que a mí me gusta llamar el vivir viviendo punto. Esa es la divinidad plena en este plano: vivir viviendo. Vi-ves. No piensas acerca de la vida; vi-ves. No piensas acerca de los demás, no piensas acerca de las cosas, no piensas «acerca de». Vives, vives, vives, vives... vives. Vivir viviendo. Muchas gracias.

(Aplausos)


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