un día ominoso (ser y estar en el pasado)

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Fue un día ominoso. Estaba nublado. No había nadie afuera, y estaba muy silencioso. Dentro de la casa, yo estaba sentada en el sofá sin hacer nada. Cuando hace un día gris, me suele gustar tenderme en el sofá o la cama y leer un libro largo. Por alguna razón, ese día estaba inquieta, así que no podía concentrarme en el libro. Solo acariciaba mi perro, esperando que ocurriera algo extraño.

De repente, alguien llamó a la puerta. Con temor, fui a abrir la puerta. De pie al otro lado de la puerta había una mujer guapísima. Iba vestida de color lavanda. Me sonrió mientras esperaba que yo dijera algo.

— Buenos días — dije por fin.

— Buenos días. Soy Elena. Vi que eres nueva en el vecindario, así que quería presentarme. Aquí tengo unos pasteles para ti, y algo especial para tu perro.

— Muchas gracias. Es muy amable de tu parte.

— De nada. Bueno, me tengo que ir. Voy a preparar el almuerzo para mi esposo. Mucho gusto en conocerte. Hasta luego.

— Mucho gusto. Hasta luego.

Después de cerrar la puerta, me senté en el sofa para comer el dulce. Coloqué la carne en el piso para que la pudiera comer mi perro. Mi perro  meneaba felizmente el rabo mientras comía la carne. Comía el pastel cuando ví que había un papel  que debería haber escrito Elena. Leí la carta primero con curiosidad, luego con terror.

— No te acordaste de mí ¿cierto? Yo era muy diferente antes. Tú y tus amigos fuistéis muy malos conmigo. Fueron miserables todos esos años en el cole. Me acosabais constantemente. Era insoportable lo que me hacíais. Ahora te quiero devolver el favor. Que disfrutéis el pastel y la carne.

Me dolía el estómago. Me tendí en el sofa mientras aullaba mi perro.

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